lunes, 14 de septiembre de 2009

Los 'brotes verdes' de Benidorm, las cosas claras y el chocolate espeso

Por sugerencia de mi amigo Pablo Urbiola, he leído el artículo que Enric González publica hoy en El País, y, la verdad, al margen de lo admirable que me parece su contundencia, hay algo que me hace pensar más allá de los hechos y la opinión en sí que expone. Habida cuenta del asombro que me causa que alguien hable así de claro, me pregunto, ¿por qué nos resulta tan raro que la gente hable alto y claro?

Lean, lean el artículo de Enric González, y opinen, ustedes también, alto y claro.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Vetusta Morla: mañana, en Rivas...

El grupo español revelación, viene a Rivas a abrir el 'finde' gordo de las Fiestas de Septiembre... ¡sálvese quien pueda!



Mañana, jueves, 10 de septiembre, a partir de las 22 horas, en el Auditorio Miguel Ríos del nuevo recinto ferial. Entrada gratuita.

Y quien pueda venir al auditorio a partir de las 20,30 horas, ¡que sepa que viene Miguel Ríos a inaugurarlo...! Y que en la caseta de Izquierda Unida se puede hacer parada para repostar ;-)

El PSM de Tomás Gómez, cada vez menos de fiar

La primera noticia que tuvimos de Tomás Gómez en el ejercicio de sus responsabilidades como Secretario General del Partido Socialista de Madrid, fue la invitación que Esperanza Aguirre le hizo para recibirlo y departir con él sobre lo humano y lo divino en 'esta nuestra Comunidad'. Lejos de limitarse a intercambiar impresiones y a hacerse una foto juntos que inmortalizase lo bien que se pueden llevar los líderes de dos partidos políticos que se disputan el poder, la reunión trascendió por lo que luego hemos sabido que sería sólo la primera -digámoslo así- 'tomasada'. La noticia no fue el encuentro en sí mismo, sino la propuesta estrella que Gómez había trasladado a la Presidentísima en señal del aire fresco que su 'nuevo socialismo' traía para Madrid: 'Oiga usté, doña Esperanza, ¿a qué está esperando para suprimir el impuesto de patrimonio?'. Desde entonces, no han sido pocas las ocasiones en que muchos nos hemos preguntado si Gómez se dedicaba a dirigir los designios del Partido Socialista de Madrid o de un nuevo 'laboratorio de ideas' al servicio del PP gato. Los malabarismos del líder del PSM a propósito de la Cañada Real Galiana empiezan a constituir material suficiente como para hacer una antología del disparate.

Y es que Tomás Gómez se ha demostrado capaz de decir una cosa y la contraria, o peor aún, de salirse por la tangente de los globos-sonda para luego confundir permanentemente el 'sentido de Estado' -esa mezcla pomposa de responsabilidad y lealtad institucional al adversario, por encima de las diferencias políticas hacia el adversario- con seguidismo acomplejado y sin argumento alguno a las políticas de Esperanza Aguirre. El último ejemplo lo hemos tenido con la Cañada Real Galiana, que a lo largo del presente verano ha sido uno de los temas centrales de la información regional. El problema, arrastrado y alimentado durante varias décadas, de asentamientos ilegales en esta vía pecuaria, convertida en un crisol de especulación con suelo público, degradación ambiental, delincuencia de guante blanco, actividad económica ilegal, mansiones y chabolas, ostentación y exclusión social, parecía ver luz al final del túnel gracias a la presión, entre otros, del Ayuntamiento de Rivas, que llegó a presentar a principios de año un recurso contencioso-administrativo contra el Gobierno regional por su dejación de funciones como titular y propietario de esos terrenos públicos.

Aquella denuncia fue la gota que colmó el vaso del pasotismo de Esperanza Aguirre, y en el marco de una mesa negociadora con la participación de la propia Comunidad, los ayuntamientos afectados y la Delegación del Gobierno central, se fue avanzando hacia una solución consensuada y coordinada que abordase todas las aristas (legales, urbanísticas, ambientales, sociales y de seguridad) de este complejísimo asunto. Pues bien: de la noche a la mañana, por sorpresa y a traición, el Partido Socialista de Madrid de Tomás Gómez presentó una ley al margen de aquella mesa negociadora, una ley cuyo contenido ahora resulta ya insignificante y lo de menos, pero que puso en serio peligro la continuidad de las negociaciones. Por suerte, finalmente cuajó un acuerdo entre las administraciones implicadas, que daba plena potestad urbanística durante un año a los Ayuntamientos para ordenar los tramos de Cañada de su término municipal, previo censo poblacional que analizase los casos de necesidades sociales para que la administración competente -la Comunidad de Madrid- gestionase las políticas de integración y realojo que se requiriesen. Ello situaba al ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid más cerca que nunca del objetivo histórico de desmantelamiento de los asentamientos y regeneración como espacio verde de la Cañada.

Desde que se alcanzó aquel acuerdo, voces del PSOE han pasado de tacharlo de 'antisocial' a finalmente reconocer su valor y, entonces, erigir la maniobra trapera de la propuesta unilateral que presentó antes el PSM como el acicate que se necesitaba para presionar y llegar al consenso final. Incluso Tomás Gómez anunciaba este fin de semana en un mitin que el Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid, apoyaría la ley. Pero cuando el lunes conocíamos que el Gobierno de la Comunidad de Madrid había incumplido el acuerdo aprobando un proyecto de ley alejado de los términos pactados con los ayuntamientos y la Delegación del Gobierno, tampoco faltaron Pepitos Grillos del partido de Tomás Gómez que sacaron del baúl de los recuerdos la propuesta unilateral del PSM esgrimiendo que "ésta sí que era buena" por su alto contenido social y viniendo a decir que cómo se nos ocurría al resto de los mortales habernos fiado de Esperanza Aguirre (cosa que, por otro lado, no deja de ser verdad, aunque en la lista de quienes nos fiamos también había un alcalde y una delegada del Gobierno del partido de Tomás Gómez). Incluso el PSOE de Rivas aprovechó la ruptura unilateral del acuerdo por parte de la Presidentísima Aguirre para hacer una lectura en esa línea, un poco enrevesada y muy de autoconsumo.

Sin embargo, ay, Tomás Gómez ha vuelto a sacarse un as inesperado de la manga, inesperado para sus propios compañeros de filas y, lejos de desmarcarse de la propuesta con la que Aguirre ha dado el cambiazo al acuerdo alcanzado, ha venido a restar importancia -con una soberbia alucinante- a las reivindicaciones de los Ayuntamientos -como si, por venir de éstos, fueran una especie de corporativismo localista y paleto-, y ha anunciado que "no tiene ninguna dificultad con el Gobierno autonómico" por la propuesta que ha presentado y, eso sí, en un gesto enternecedor, espera que se pueda llegar a un acuerdo con los ayuntamientos que introduzca "alguna mínima modificación", aunque su grupo ya tiene decidido apoyar la ley: toma castaña.

Si su propio partido, presente en numerosos ayuntamientos madrileños, no puede -y cada vez puede menos- fiarse de Tomás Gómez porque al menor respiro les deja, como se dice coloquialmente, con el culo al aire, ¿qué cabe esperar del resto de la izquierda en Madrid, y de la sociedad madrileña en general? Y si el problema fuese sólo de falta de confianza y de credibilidad, mal andaríamos. Pero cuando se está hablando de decisiones que pueden traducirse en políticas muy nocivas que agravan problemas muy serios, como en el caso de la Cañada Real Galiana, sencillamante, es inadmisible.

Esperemos revertir esta nueva agresión de Esperanza Aguirre, a pesar de Tomás Gómez.

martes, 8 de septiembre de 2009

Vida Original Subtitulada

El domingo aproveché la tarde viendo 'V.O.S. - Versión Original Subtitulada', la última película de Cesc Gay. Ya, ya sé -me adelanto a los más puestos en las novedades de la cartelera- que no es ningún estreno recientísimo, pero había ido dejándola pasar y decidí cerrar el fin de semana saldando la deuda pendiente con mi afición al cine de este catalán que me tendió un espejo de ternura en 'Krámpack' y que me puso la sangre de pie con la sutileza de 'En la ciudad'. Y, la verdad, si su último trabajo ('Ficción') me había dejado un poco frío, he de confesar que 'V.O.S.' me ha encantado.



La película reflexiona sobre cómo se cuenta una historia, pero ese 'cómo' -y he ahí la originalidad y potencialidad del film- no se reduce a la fórmula narrativa, a la estructura, al construir un discurso; Cesc Gay no se detiene en dar lecciones de narrativa cinematográfica ni de guión, sino que aborda la materia prima de la propia historia, aquello que nos mueve a contar algo y, yendo más allá de los ya manidos relatos sobre los conflictos entre la realidad y la ficción o los matices entre la comedia y el drama, nos regala un estudiado canto a la vida. Pero ojo: no me refiero a un despliegue de sensibilidad optimista ni de buenismo efectista. Es un canto a la vida en la medida en que ésta -aunque no sea necesariamente 'bella', con permiso de Roberto Benigni-, merece ser contada.

En ese complejo tablero se mueven cuatro personajes bajo la alargada sombra del mejor Woody Allen, en un microcosmos donde los pulsos a propósito del amor, la amistad, la soledad o la rutina de la pareja, ni se ganan ni se pierden, simplemente se transforman. Y es que pocas cosas puede haber tan materiales, tan físicas -y no sólo químicas- como los hilos con que movemos y nos mueven las relaciones humanas; de eso también nos habla 'V.O.S.'. Y todo ello, en un escenario donde las cosas transcurren como la vida misma y a la vez como en el proceso de la escritura de un guión o de rodaje de una película, con esos mismos personajes saltando la barrera del espacio escénico y devorando decorados y equipo técnico con cada impulso y decisión que toman.

No quiero terminar sin destacar el trabajo de los cuatro intérpretes, pero muy especialmente de las dos actrices, Ágata Roca y Vicenta Ndongo. En una palabra, enormes.

'V.O.S. - Versión Original Subtitulada' (basada en una obra de teatro, para mí desconocida, de Carol López) no es tan original y novedosa como se pretende en lo formal, pero como historia sí me parece mucho más fuerte y poderosa de lo que muchas críticas que he leído han tenido en cuenta. Así pues, y siendo una humilde opinión personal, os recomiendo que no dejéis de verla. Que además es una comedia elegante y fresca, lo cual, tal como están las cosas, se agradece.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La 'realpolitik' fiscal o la irresponsabilidad del Gobierno

Hay un continuo resorte defensivo del PSOE ante la más mínima voz crítica desde la izquierda a la gestión del Gobierno central, que se resume en alegar que más allá del utópico mundo de las ideas en el que -se supone- vive cómodamente instalada la izquierda purísima, el barro de la cruda realidad salpica las buenas intenciones e impone límites a cómo nos gustaría que fuesen las cosas. Es verdad que muchas veces hay cosas que nos vienen dadas y condicionan para mal los intentos por cambiarlas, pero no deja de ser evidente que ese argumento tan recurrente se acaba dando de bruces, también, con la propia realidad. Es entonces cuando la política se divorcia de cualquier teoría, principio y estrategia a largo plazo, y termina ajustada a la coyuntura y la esquizofrenia efectista, en una pobre caricatura de la noción alemana de realpolitik. Y cualquier propuesta alternativa es devuelta, con un rápido reflejo, de un raquetazo y al grito simplón de “es muy bonito teorizar, pero la vida no es así”.

Sin embargo, el Gobierno central lleva demasiado tiempo sudando la camiseta con tanto raquetazos de ese tipo, fundamentalmente en materia económica y más en concreto en política fiscal, como hemos podido comprobar estas últimas semanas de rumores, anuncios, improvisaciones, desmentidos y globos-sonda contradictorios. Un día, Pepe Blanco piensa en voz alta que quizás vaya siendo el momento de ir pensando que tal vez se acerca la hora de poner encima de la mesa la posibilidad de plantear que llegado este punto no sería mala idea proponer una subida de impuestos a quienes más tienen. Rápidamente el propio Blanco se apresura a subrayar que se trata de “una apreciación personal”, y a partir de ahí, todo han sido bandazos.

Hablar de posibles reformas fiscales en el actual escenario de crisis económica nos exige mirar un poco hacia atrás y ver cómo ha actuado el Gobierno central en los últimos años. Desde que el PSOE accedió al poder, en 2004, con el reclamo insustancial de ‘Bajar los impuestos es de izquierdas’, el tope máximo del IRPF ha bajado del 45% al 43%, se ha eliminado el impuesto de patrimonio, se ha establecido un tipo único del 18% para las rentas de capital y no se ha tocado el control sobre las sociedades, a pesar de las surrealistas situaciones que se dan con las llamadas ‘sociedades de inversión de capital variable’ que tributan al 1% y suponen un coladero para grandes fortunas. Lo recordaban días atrás, incorporando opiniones sobre cómo se están dando los últimos acontecimientos, otras voces de la blogosfera, como Pablo Urbiola (aquí, aquí y aquí), Sira, mi señor padre u hoy mismo, Don Ricardo.

Esto no sé si es de izquierdas o de derechas, sí está claro que, al margen incluso de valoraciones ideológicas, el modelo fiscal resultante ha dejado la Hacienda pública en una situación de extrema debilidad para afrontar la crisis económica. Conclusión: no es sólo que tengamos un sistema fiscal más regresivo que el que dejó el PP, es que la gestión del Gobierno en esta materia ha sido de una profunda irresponsabilidad e ineficacia.

A golpe de recortes caprichosos sin una visión de conjunto, y de los repartos indiscriminados de devoluciones y cheques para consumir en el salvaje mercado (en lugar de fortalecer servicios públicos), tenemos lo que tenemos. Se puede seguir agarrando el clavo ardiendo de la ‘realpolitik’ con la que se ha transformado peligrosamente el sistema fiscal (hasta el punto de cuestionar, de hecho, el sentido de redistribución de la riqueza que le da la Constitución), al dictado de los cantos de sirena del PP, o se puede dejar de hacer malabarismos y pasar de las palabras a los hechos. A veces me gustaría estar en la cabeza de Zapatero para saber por qué camino piensa tirar. El problema es que todo parece depender de una moneda lanzada al aire. Esperemos que caiga del lado menos malo.