martes, 17 de agosto de 2010

Musa homófoba

En agosto, con la excusa de la ausencia de la pulsión informativa del resto del año y del ánimo ligero con que afrontamos las vacaciones, los periódicos se convierten en una suerte de 'magazines' donde la actualidad y sus noticias pasan a un segundo plano y lo que impera es el entretenimiento. Sin entrar a valorar profundamente una transformación que, al fin y al cabo, yo mismo como lector acato bajo el refugio de mi sombrilla, no parece muy procedente que ese cambio de tono sirva para hacer desembarcar la homofobia en las páginas de un periódico como El País, pretendidamente progresista y en muchas ocasiones comprometido con la conquista de derechos por parte del colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB).

Así ocurrió el pasado domingo, cuando en la columna 'Estereotipas' de la sección 'Revista del Verano', la articulista Luz Sánchez-Mellado tomó la voz de una 'Musa Gay' harta de serlo. Soy consciente de que se trata de un artículo con ánimo satírico e irónico, y de que la obsesión por lo políticamente correcto puede llegar a hacernos rehenes del poco sentido del humor y de la falta de autocrítica, pero por más que revisito el texto de Sánchez-Mellado, no dejo de subrayar la sensación que me invadió con la primera lectura: se trata de una exhibición de homofobia facilona y, si no fuese por aquello de que sólo ofende quien puede, bastante insultante.

La 'Musa Gay' con que Sánchez-Mellado pretende perfilar el retrato irónico de una joven y brillante profesional heterosexual rodeada de varones homosexuales de lo más 'cool', podría haber optado por poner el acento de su supuesto estereotipo en las muchas contradicciones de una sociedad que a la cara respeta y por la espalda discrimina, o por cargar las tintas contra la implícita noción de 'homosexual respetable y normalizado' asociada al consumismo, la obsesión por la estética, y la discordancia complaciente y dócil de quien traga para 'encajar' en un orden discriminatorio nunca dispuesto a cuestionarse. Tres cuestiones, por cierto, no achacables en exclusiva al colectivo de homosexualidad masculina al que el artículo se refiere.

Sin embargo, Sánchez-Mellado prefiere cebarse con una poquísimo original colección de tópicos y generalizaciones que, por si podían dejar alguna duda de su mirada negativa de la homosexualidad, se encarga de reforzar con afirmaciones como "Dicen que te adoran, pero te usan como un complemento más. El bolso que no pueden llevar. Así te dejan, tirada", "Ellos salen y tú entras [del armario], tienen pelotas", "Ellos celebran su Orgullo. Y tú te comes el tuyo", o "Estos ni comen ni dejan". Además de que son expresiones sin ninguna gracia, en realidad, pensémoslo un segundo, ¿qué aportan? ¿Qué pretende la autora con ellas? ¿A qué pueden servir como argumentario? La única respuesta posible que se me ocurre es la mala fe, la homofobia pura y dura, presentada además como una ocurrencia mordaz y 'buenrollista'. Ninguna de esas expresiones contribuye a diseccionar irónica y sanamente ningún estereotipo -como parece pretender la sección- sino a legitimar prejuicios discriminatorios y empobrecedores tristemente arraigados en el imaginario colectivo, más de lo que pueda parecerle a quien cree haber inventado la pólvora con la ingeniosísima figura literaria de una diabla que viste de Zara.