miércoles, 9 de septiembre de 2009

El PSM de Tomás Gómez, cada vez menos de fiar

La primera noticia que tuvimos de Tomás Gómez en el ejercicio de sus responsabilidades como Secretario General del Partido Socialista de Madrid, fue la invitación que Esperanza Aguirre le hizo para recibirlo y departir con él sobre lo humano y lo divino en 'esta nuestra Comunidad'. Lejos de limitarse a intercambiar impresiones y a hacerse una foto juntos que inmortalizase lo bien que se pueden llevar los líderes de dos partidos políticos que se disputan el poder, la reunión trascendió por lo que luego hemos sabido que sería sólo la primera -digámoslo así- 'tomasada'. La noticia no fue el encuentro en sí mismo, sino la propuesta estrella que Gómez había trasladado a la Presidentísima en señal del aire fresco que su 'nuevo socialismo' traía para Madrid: 'Oiga usté, doña Esperanza, ¿a qué está esperando para suprimir el impuesto de patrimonio?'. Desde entonces, no han sido pocas las ocasiones en que muchos nos hemos preguntado si Gómez se dedicaba a dirigir los designios del Partido Socialista de Madrid o de un nuevo 'laboratorio de ideas' al servicio del PP gato. Los malabarismos del líder del PSM a propósito de la Cañada Real Galiana empiezan a constituir material suficiente como para hacer una antología del disparate.

Y es que Tomás Gómez se ha demostrado capaz de decir una cosa y la contraria, o peor aún, de salirse por la tangente de los globos-sonda para luego confundir permanentemente el 'sentido de Estado' -esa mezcla pomposa de responsabilidad y lealtad institucional al adversario, por encima de las diferencias políticas hacia el adversario- con seguidismo acomplejado y sin argumento alguno a las políticas de Esperanza Aguirre. El último ejemplo lo hemos tenido con la Cañada Real Galiana, que a lo largo del presente verano ha sido uno de los temas centrales de la información regional. El problema, arrastrado y alimentado durante varias décadas, de asentamientos ilegales en esta vía pecuaria, convertida en un crisol de especulación con suelo público, degradación ambiental, delincuencia de guante blanco, actividad económica ilegal, mansiones y chabolas, ostentación y exclusión social, parecía ver luz al final del túnel gracias a la presión, entre otros, del Ayuntamiento de Rivas, que llegó a presentar a principios de año un recurso contencioso-administrativo contra el Gobierno regional por su dejación de funciones como titular y propietario de esos terrenos públicos.

Aquella denuncia fue la gota que colmó el vaso del pasotismo de Esperanza Aguirre, y en el marco de una mesa negociadora con la participación de la propia Comunidad, los ayuntamientos afectados y la Delegación del Gobierno central, se fue avanzando hacia una solución consensuada y coordinada que abordase todas las aristas (legales, urbanísticas, ambientales, sociales y de seguridad) de este complejísimo asunto. Pues bien: de la noche a la mañana, por sorpresa y a traición, el Partido Socialista de Madrid de Tomás Gómez presentó una ley al margen de aquella mesa negociadora, una ley cuyo contenido ahora resulta ya insignificante y lo de menos, pero que puso en serio peligro la continuidad de las negociaciones. Por suerte, finalmente cuajó un acuerdo entre las administraciones implicadas, que daba plena potestad urbanística durante un año a los Ayuntamientos para ordenar los tramos de Cañada de su término municipal, previo censo poblacional que analizase los casos de necesidades sociales para que la administración competente -la Comunidad de Madrid- gestionase las políticas de integración y realojo que se requiriesen. Ello situaba al ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid más cerca que nunca del objetivo histórico de desmantelamiento de los asentamientos y regeneración como espacio verde de la Cañada.

Desde que se alcanzó aquel acuerdo, voces del PSOE han pasado de tacharlo de 'antisocial' a finalmente reconocer su valor y, entonces, erigir la maniobra trapera de la propuesta unilateral que presentó antes el PSM como el acicate que se necesitaba para presionar y llegar al consenso final. Incluso Tomás Gómez anunciaba este fin de semana en un mitin que el Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid, apoyaría la ley. Pero cuando el lunes conocíamos que el Gobierno de la Comunidad de Madrid había incumplido el acuerdo aprobando un proyecto de ley alejado de los términos pactados con los ayuntamientos y la Delegación del Gobierno, tampoco faltaron Pepitos Grillos del partido de Tomás Gómez que sacaron del baúl de los recuerdos la propuesta unilateral del PSM esgrimiendo que "ésta sí que era buena" por su alto contenido social y viniendo a decir que cómo se nos ocurría al resto de los mortales habernos fiado de Esperanza Aguirre (cosa que, por otro lado, no deja de ser verdad, aunque en la lista de quienes nos fiamos también había un alcalde y una delegada del Gobierno del partido de Tomás Gómez). Incluso el PSOE de Rivas aprovechó la ruptura unilateral del acuerdo por parte de la Presidentísima Aguirre para hacer una lectura en esa línea, un poco enrevesada y muy de autoconsumo.

Sin embargo, ay, Tomás Gómez ha vuelto a sacarse un as inesperado de la manga, inesperado para sus propios compañeros de filas y, lejos de desmarcarse de la propuesta con la que Aguirre ha dado el cambiazo al acuerdo alcanzado, ha venido a restar importancia -con una soberbia alucinante- a las reivindicaciones de los Ayuntamientos -como si, por venir de éstos, fueran una especie de corporativismo localista y paleto-, y ha anunciado que "no tiene ninguna dificultad con el Gobierno autonómico" por la propuesta que ha presentado y, eso sí, en un gesto enternecedor, espera que se pueda llegar a un acuerdo con los ayuntamientos que introduzca "alguna mínima modificación", aunque su grupo ya tiene decidido apoyar la ley: toma castaña.

Si su propio partido, presente en numerosos ayuntamientos madrileños, no puede -y cada vez puede menos- fiarse de Tomás Gómez porque al menor respiro les deja, como se dice coloquialmente, con el culo al aire, ¿qué cabe esperar del resto de la izquierda en Madrid, y de la sociedad madrileña en general? Y si el problema fuese sólo de falta de confianza y de credibilidad, mal andaríamos. Pero cuando se está hablando de decisiones que pueden traducirse en políticas muy nocivas que agravan problemas muy serios, como en el caso de la Cañada Real Galiana, sencillamante, es inadmisible.

Esperemos revertir esta nueva agresión de Esperanza Aguirre, a pesar de Tomás Gómez.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ay Tomas.....Quien le comprara la moto...Se Sabe si ha vendido ya la Vespa ....
Salud y Marcaje férreo.