domingo, 21 de junio de 2009

Una joya cinematográfica de la II República

La historia del cine guarda uno de sus capítulos a mi juicio más interesantes en los primeros contactos entre la incipiente y primitiva industria cinematográfica y el periodisimo. A partir de los años 10 del pasado siglo, se comenzaron a generalizar géneros cinematográficos informativos, como los primeros documentales y, fundamentalmente, los noticiarios cinematográficos, al calor de importantes acontecimientos como las dos Guerras Mundiales y todo lo que pasó en el período intermedio, con la recuperación económica virtual que se topó contra el muro desplomado del 'crack' del 29, los intentos fallidos de un nuevo orden europeo y mundial en el seno de la frustrada Sociedad de Naciones, la revolución rusa, las crecientes tensiones entre las potencias y sus colonias que iban anunciando futuros procesos de descolonización, el auge de los fascismos, la respuesta de los frentes populares... Años de gran convulsión para cuyo estudio historiográfico se ha contado con fuentes desconocidas en etapas históricas previas: las audiovisuales.

Pero además, desde el punto de vista más cinematográfico, se trata como digo de un período de especial relevancia, por varios motivos. En primer lugar, la producción de noticiarios cinematográficos fue el rostro más evidente del paso de la atracción de barraca de feria a medio de comunicación, con lo que ello significa de creación de una industria (que produce, distribuye y exhibe en un proceso cada vez más estandarizado, más, valga la redundancia, eso, industrial) y de consolidación de un lenguaje determinado. Esta etapa es la de la exploración de nuevas fórmulas expresivas con inquietudes más allá de lo artístico: es la etapa en que se asientan los cimientos de lo que hoy tenemos asumido como narrativa periodística (cómo se construye 'la historia', el relato, de la noticia), y en que se forja el concepto contemporáneo de propaganda, tanto en su vertiente más corporativa e institucional como en la de agitación y persuasión política pura y dura. El cine informativo de aquellos años contribuyó además de manera decisiva a acuñar en el imaginario colectivo la idea de "opinión pública" y de antesala de lo que las nuevas tecnologías han terminado configurando como "aldea global". Algo que me sorprende mucho de esta etapa de la historia del cine es que me parece, a los ojos de nuestros días, que el cine informativo era ya mucho más maduro y bueno que el cine de ficción, lo que me hace pensar que este último es un medio expresivo más genuino respecto al que se ha considerado su padre por excelencia (el teatro) que el primero, que tiene una relación evolutiva más natural respecto a la radio o la prensa misma.

Pero en fin, que no quiero ponerme estupendo, ni irme por las ramas (aunque este tema me apasiona). Todo esto me ha surcado hoy mis reflexiones mañaneras al leer en El País que se ha encontrado una película inédita y hasta ahora desconocida de los primeros hitos de la II República: hace tres meses, unas obras en la que fuera casa de un alcalde republicano de la localidad cordobesa de Priego, donde nació uno de los Presidentes de la II República, Niceto Alcalá-Zamora, han permitido descubrir esta auténtica joya. Al parecer, el propio Alcalá-Zamora pidió, tras el Golpe de Estado fascista que trajo la Guerra Civil, a su paisano alcalde Francisco Adame que guardara a buen recaudo algunos materiales y documentos que no quería que se perdiesen ni cayeran en manos de los rebeldes. Hoy, la cinta está ya digitalizada y bajo el control del Patronato Niceto Alcalá-Zamora y espero que podamos disfrutarla en breve.

La película se titula 'El amanecer de una nueva era en España', y en ella aparecen destacados personajes imprescindibles para el advenimiento de aquel régimen democrático, así como estampas que retratan la ilusión generada en la mayoría social con su llegada. Es además uno de los primeros noticiarios cinematográficos españoles hablados. Su valor para la historia de nuestro cine y para nuestra Historia en general es incalculable.

Así que agradezcamos al celo que puso Adame en su resguardo de la película, y a la casualidad que ha hecho que se encuentre esa lata tricolor con semejante joya dentro.

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