viernes, 19 de junio de 2009

Horroroso, horroroso... lo de Durao Barroso

No sé a ustedes, intrépidos e intrépidas navegantes, pero a mi la noticia del aval unánime de los gobiernos de la UE a un nuevo mandato de Durao Barroso al frente de la Comisión Europea me parece, permítanme el ripio, horroroso. Hay varias razones que me despiertan el horror. En primer lugar, es evidente la ideología ultraliberal del ex primer ministro portugués, directa responsable de una falta de previsión ante la crisis y, aún antes, cómplice y alentador de la barbarie neoliberal que hoy se desploma por insostenible. Durao Barroso, además, no tiene ningún interés en evitar que los cascotes de ese desplome caigan sobre los trabajadores y trabajadoras, sobre la ciudadanía de a pie, sobre la mayoría social que no ha generado la crisis.

Pero hay más: si alguien quisiese ser tan ingenuo como para pensar que quizás, en aras del consenso y la estabilidad institucional y blablablabla, un segundo mandato de Barroso podría ser una oportunidad responsable para un cambio de rumbo (la retórica del poder va peinada siempre con unos tirabuzones imposibles), esta madrugada, con el acuerdo de los 27, ha quedado patente que el apoyo a Durao Barroso es un cheque en blanco, que no se sostiene sobre ningún compromiso sino, al revés, sobre la nada absoluta. Hay unanimidad en el apoyo a Barroso porque se busca un liderazgo europeo débil, escuálido, un pelele que no incordie. En un momento en que debería apostarse por más Europa, por trasladar al ámbito europeo respuestas comunes a una crisis que se escapa de los corsés de los anteriormente conocidos Estados-nación, la elección de Barroso no es sólo el refrendo a la continuidad del neoliberalismo, sino la confirmación de que la necesaria unidad política de Europa va a ser estancada, y eso siempre repercute en más beneficios al capital y la especulación.

Así que, ultraliberalismo, liderazgo débil, y, encima, una muestra más del déficit democrático de la Unión Europea, que más que déficit es brecha y más que brecha, es abismo. Debe ser el Parlamento europeo, que es el representante más directo de la ciudadanía en el ámbito comunitario, y que debería ejercer como efectivo poder legislativo y sede de la soberanía popular, el que proponga y nomine al Presidente de la Comisión Europea. Ahora, con el apaño ya cerrado en la mesa camilla de los Gobiernos, sólo queda la esperanza de que la Eurocámara pare los pies a esta propuesta. La pelota está, fundamentalmente, del tejado del Partido Socialista Europeo, aunque su Obama venido a menos, el señor Zapatero, junto a otros "socialistas" de tremendo pelaje como Gordon Brown (que tiene, perdonad el chiste, un marrón bien gordo), ya ha dejado claro que con Durao Barroso, al fin del mundo. Otros sólo fueron con él hasta las Azores, ¿se acuerdan?

De momento, sólo el Partido Verde Europeo y el Partido de la Izquierda Europea, con sus respectivos referentes parlamentarios, se han pronunciado clara y unánimemente en contra del segundo mandato. A mis amigos y amigas del PSOE, simplemente les pido que me contesten a la pregunta de cómo quien está a la cabeza de las responsabilidades de esta crisis va a ser capaz de gestionar alternativas a la misma.

Horroroso, horroroso.

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