lunes, 15 de junio de 2009

¿Casi un serial?

Es una reflexión muy generalizada entre la izquierda lo inocua que le resulta social y electoralmente la corrupción a la derecha. Y ojalá sólo inocua: en muchas ocasiones parece incluso que ser corrupto es un aval de solvencia para un partido de derechas. Así lo hemos podido ir constatando en casos escandalosos, y posteriores citas con las urnas, en Murcia, el País Valencià o Madrid. Y es que, desgraciadamente, la denuncia de la corrupción desde la bandera de la ética no es suficiente. Lo hemos venido viendo en todo el tema del 'Gürtel' y los grasientos tentáculos que parecen conectar toda esta trama con capítulos sin cerrar de las alcantarillas madrileñas, como el famoso 'Tamayazo' que propició la repetición de unas elecciones autonómicas que Esperanza Aguirre logró ganar 'a la segunda' tras una campaña financiada en parte por las donaciones a la Fundescam de empresas del actual presidente de la CEOE, que luego obtuvieron adjudicaciones por el Gobierno regional. Esto, que junto al suculento historial de Correa bastaría para justificar un encadenamiento ciudadano masivo a las puertas de la Asamblea de Madrid, ha terminado convirtiéndose casi, casi, en un serial al que asistimos expectantes pero con la misma empatía -apasionada pero distante- con que seguiríamos un culebrón.
En eso tiene el peligro de convertirse definitivamente el 'caso Gürtel', incluso a pesar de que el Supremo va a tomar cartas en el asunto. Si todavía el asunto no se ha ido por el desagüe del género telenovelesco ha sido gracias a la labor de Izquierda Unida en el parlamento autonómico, y muy especialmente, gracias a Inés Sabanés y Reyes Montiel, que han encarnado la enérgica y rigurosa labor de este Grupo en la investigación de toda la trama.
Pero tenemos que hacer más. Tenemos, todas y todos, que arrimar el hombro antes de que el serial llegue a los títulos finales de crédito. Me cuesta mucho creer cómo, al margen de esta valiosa actividad parlamentaria, la izquierda política, sindical y social madrileña no ha emprendido ya hace unos meses toda una campaña de movilización y respuesta en la calle y en la opinión pública. Porque, y aquí puede estar la clave para evitar la degeneración culebronesca, no se trata sólo de que el Partido Popular entero esté atravesado por algo muy turbio que salpica a muchos de sus dirigentes y cargos públicos, a nivel regional y nacional; no se trata sólo de esos u otros contratos, ni de estos o aquellos compartimientos 'inapropiados'. Este monumental monstruo llamado Gürtel es un terremoto en los supuestos cimientos del ideario de gobierno de Esperanza Aguirre. La liberalísima Presidenta ha disfrazado su política desde que accedió 'a la segunda' a la Puerta del Sol, de batalla de las ideas en toda regla. Su retórica ha sido siempre muy ideológica, muy politizada, pronunciando la palabra 'liberalismo' cada dos por tres, y presentando su auténtica revolución privatizadora como una apuesta triunfal por la libertad. Pues bien: ahora, esa confrontación de modelos de gestión de lo público entre su 'innovadora y eficiente' política y el 'conservadurismo' de la izquierda, se ha revelado como una farsa en toda regla. La Administración Aguirre es de todo menos liberal, y en su partida las cartas están marcadas por el clientelismo.
Es responsabilidad de quienes conservamos un poco de decencia evitar que el serial se consagre como tal. Porque, en caso de que así fuese, el guión ya sabemos cómo termina. Es lo que tienen los culebrones: visto uno, visto todos.

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