lunes, 29 de diciembre de 2008

¿Es la Tierra plana?

El pasado 11 de diciembre se celebró el Día de Acción Global contra el Cambio Climático, una jornada de reflexión y protesta a escala mundial a propósito del fenómeno del calentamiento global. La fecha coincidió con este último mes del año, diciembre, muy propicio a que pensemos y repensemos la acción humana sobre el medio ambiente en general y el clima en particular, ya que pilló a caballo entre la celebración del Congreso Nacional de Medio Ambiente (CONAMA) y estas entrañables fechas navideñas en las que ya estamos, tan proclives a destapar y potenciar la parte más insostenible de nuestros hábitos cotidianos.

Pues sucedió que en el citado Congreso medioambiental, una cita ya de referencia para la comunidad científica, las instituciones y el movimiento ecologista, la señora Ana Botella, concejala de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid, afirmó algo que no se escuchaba en un foro especializado desde hacía mucho tiempo (si es que alguna vez alguien se atrevió a hacerlo): que “el planeta está al servicio del ser humano”. La señora Botella se unió con esa frase, oficialmente, al club del revisionismo pseudo-científico con el que hace no mucho nos sorprendió su marido, el ex presidente del Gobierno José María Aznar, relativizando sobre la gravedad de sus efectos. Recordemos al propio Mariano Rajoy cuando en octubre de 2007 se remitió a “su primo” para cuestionar que “si no se puede saber a ciencia cierta qué tiempo va a hacer mañana en Sevilla, mucho menos se puede prever un cambio del clima a largo plazo”, con un rigor académico pasmoso.


Quienes tachan de “abanderados del Apocalipsis” (Aznar dixit) a los estudiosos del cambio climático utilizan las mismas tácticas a las que nos tiene acostumbrados toda suerte de revisionistas. Ya saben: tratan de salirse por la tangente de los consensos científicos establecidos como si fuesen “outsiders”, rebeldes que se atreven a desafiar lo políticamente correcto y a romper tabúes. Esa simple pose les sirve para ahorrarse cualquier argumentación y, a partir de ahí, una verdad a media sirve para justificar la próxima mentira. Así, no faltan continuas referencias a supuestos teóricos que desmontan “la Apocalipsis climática” pero que en verdad tienen la misma solvencia científica y la misma credibilidad académica que Pío Moa entre los historiadores. Es decir: ninguna. Es el caso de Václav Klaus, presidente checo, para quien la acción humana no tienen anda que ver con las transformaciones climáticas que están conduciendo al planeta a un largo verano, a pesar de que la investigación al respecto es ya una carrera de fondo que da por contrastado que el cambio climático se debe a la emisión de gases de efecto invernadero por el abuso de combustibles fósibles.

Lo que más sorprende de todo esto no es ya que se trate de rebatir el consenso científico. El propio Partido Popular, sobre el papel, lo reconoce y hasta plantea propuestas para frenar este complejo fenómeno (otra cosa es que sean más o menos acertadas). El problema radica en los dirigentes ‘populares’ que a mayor velocidad que la luz sacan los pies del tiesto con declaraciones que desde Génova corren a sofocar a duras penas reafirmando su compromiso ante este reto global, y bla, bla, bla… Lo que más me sorprende, digo, es cómo el soterrado y latente cuestionamiento de este grave problema va expandiéndose con la actitud defensiva de tachar de “dogmático” lo que es precisamente lo contrario: científico. Y tacharlo, además, de “politizado” en una estrategia, precisamente, política y partidista. Hace un mes hemos visto al Partido Popular en Rivas pedir la disolución del comité técnico asesor del proyecto estratégico de lucha local contra el cambio climático Rivas Ecópolis por “su politización”. Ésa es toda la valoración que hacen de un órgano consultivo que reúne a una alto cargo del CSIC, el ex responsable medioambiental de la principal central sindical española o de un galardonado con el Premio Nacional de Investigación, entre otras personalidades del mundo de la investigación y la gestión ambiental, que por cierto no cobran dieta alguna por su asesoramiento. Y yo me pregunto: ¿no es precisamente el PP el que politiza todo este tema al plantear esta crítica? ¿Preferiría el PP local al primo de Mariano Rajoy entre los 'expertos'? Quizás deberían plantearse por qué las principales y más relevantes figuras del mundo científico y la sostenibilidad se sienten a años luz de sus planteamientos. De lo contrario, podemos ponernos a discutir de cualquier cosa, y deshacer caminos de progreso dados por la Humanidad. Por si las moscas, sólo quiero decir dos cosas: una, cada minuto que gastamos en debatir sobre un problema cuyos efectos son ya visibles, es un minuto perdido para combatirlo. Y dos: perdonen que me anticipe a posibles divagaciones, pero no, la Tierra no es plana.

[NOTA] Este 'post' es una versión algo modificada, ampliada y actualizada del artículo que publiqué este último mes en mi sección de la edición impresa de la revista de Rivas 'Zarabanda'.

1 comentario:

AF dijo...

¡Por Dios, don Curro, qué ha hecho usted! De nada le valdrá ese último intento por salvar lo insalvable, negando la posibilidad de que la Tierra sea plana. Enseguida aparecerán hordas de desinhibidos soldados de Cristo que, al grito de "Copérnico, irredento, la Tierra está en el centro", sostendrán no sólo esa ya olvidada centralidad espacial de nuestro planeta respecto al resto del sistema solar, sino también su notable planicie.

De la misma manera que en el chiste se da por sentado que la Luna está más cerca de Madrid que Lérida, ya que a la primera se la ve a simple vista y a la segunda, no, pues aquí se volverá a alegar que si la Tierra fuese redonda, todos andaríamos resbalándonos constantemente, lo cual no ocurre salvo cuando hay mucho hielo.

¿No sea da usted cuenta?

Un saludo.