viernes, 26 de diciembre de 2008

¿Dónde estará mi carro?

Cada Nochebuena, el Rey se planta delante de las cámaras de televisión, y recita, con el desapego retórico de quien no necesitó ser buen orador para llegar ahí, un discurso que, como decía mi profesora de Matemáticas de 4º de Secundaria sobre los problemas con inecuaciones de segundo grado, es "igual pero distinto" al de todos los años. Igual pero distinto es también el Portal de Belén montado junto a ese árbol de Navidad, cómo no, igual pero distinto al de todas las nochebuenas que se recuerdan en la pequeña pantalla desde la Transición.
No deberíamos, quizás, molestarnos en valorar lo que ha dicho y ha dejado de decir en su mensaje navideño Juan Carlos I, pero a la vez no podemos evitarlo. Nosotros somos también, un año más, reunidos con los parientes que toque, iguales pero distintos. Y ante un mensaje más o menos como el de siempre, decimos más o menos lo de siempre. El PP y el PSOE se han apresurado a alabar las llamadas a la unidad que ha hecho el monarca. E Izquierda Unida, por boca de su coordinador general Cayo Lara, ha ubicado acertadamente todo el discurso del Rey "fuera del mundo y de los problemas reales de la gente".
Y yo, personalmente, lo mismito que otros años, he echado en falta una mención a las víctimas de accidentes laborales, a la discriminación por orientación sexual e identidad de género a la misma altura que otras discriminaciones, o a la insuficiencia y precariedad financieras que sufren las Administraciones locales tras treinta años de democracia. En definitiva, todo encaja una vez más con la tónica extemporánea y estática que hace del discurso un ornamento más en ese salón de Palacio, junto a los mencionados árbol y Nacimiento, y a la corbata de turno.
Todo igual, como señalaba, pero distinto. El Jefe del Estado, este año, se permitió enmarcar mínimamente sus continuos lugares comunes en el contexto de la crisis económica, apelando a todo quisqui a "tirar del carro en la misma dirección" para salir del atolladero. Alguien debería decirle al bueno de Juan Carlos que son ya más de tres millones de personas desempleadas que se preguntan, y no precisamente al compás de Manolo Escobar, dónde estará su carro, como para encima presuponer que saben hacia dónde hay que tirar, o que sabiéndolo quieren ir al mismo sitio que este honorable sujeto cuya asignación presupuestaria pública ha subido para 2009 -cuando todos los estamentos administrativos públicos andan congelando y recortando gastos-.
No quisiera dejar de lanzar la reflexión sobre el hecho de que todas las televisiones generalistas, públicas y privadas, más algunas de las nuevas que emiten por TDT, difundieron el discurso del monarca. A parte del absurdo de que, por ejemplo, Televisión Española lo emita por sus dos cadenas, resulta muy ilustrativo para la libertad de expresión de hecho a propósito de la monarquía, que tampoco ninguna de las grandes cadenas privadas falten a la cita. ¿Llegaremos algún día, por lo menos, a contrarrestar tanto empacho monárquico simultáneo con un discurso alternativo como el que cada año ofrece la televisión privada británica Channel 4, sin miedo a lo políticamente incorrecto?
En fin, si alguien encuentra el carro ése al que se refiere el Rey y sabe hacia dónde tirarlo, que se abra un blog y nos lo cuente. Que cada cual tiene bastante con tirar del suyo propio, hacia donde quiere o, tal como está el patio, hacia donde buenamente puede.

1 comentario:

Augusta II dijo...

Siempre ha sido en todos los canales simultáneamente. Pero lo de los canales de la TDT ya es de vergüenza. Bueno, qué coño, es de vergüenza que se siga emitiendo este absurdo discurso año tras año. Es de vergüenza que se alabe. Es de vergüenza que la gente lo escuche una y otra vez.
Si al menos dijera algo revelador...