miércoles, 8 de octubre de 2008

Juan José Güemes, mártir

Anda Esperanza Aguirre con la antena encendida, y la desconfianza a flor de piel, ante el ejercicio de libertades varias por parte de trabajadores y trabajadoras de la sanidad pública madrileña: ahora parece que sindicarse, emitir una opinión o manifestarse suponen actos cuestionables, sospechosos, dignos del reojo y la estigmatización. No se entiende, si no, que ante las protestas que levanta la política sanitaria de la Comunidad de Madrid, su única respuesta sea la de tratar de desacreditar por esas vías a quienes hacen la crítica, sin entrar a rebatir con argumentos el contenido de la misma.
Veamos. Lleva Juan José Güemes, consejero de Sanidad, unos meses en que se encuentra allá donde va a trabajadoras y trabajadores sanitarios que manifiestan su oposición a la privatización de este servicio público esencial en la Comunidad de Madrid. Lo primero que uno interpreta de estos actos que en las últimas semanas se han ido intensificando no tiene nada que ver con las protestas en sí, si no con la agenda del propio Güemes: la de centros hospitalarios que visita, oigan, la de paseos con que cubre su jornada. Debe de ser que, como queda poca Sanidad pública que gobernar, tiene que justificarse el sueldo de alguna manera y trata de dar la imagen de hombre pegado al terreno de su gestión. A partir de ahí, claro, no es muy agradable que te recuerden allá donde vas que estás dando gato por liebre, o que el año que llevas al frente de esa Consejería es equivalente a la irrupción de un elefante en una cacharrería.
La Comunidad de Madrid contraataca, y anuncia que va a coger carrerilla judicial: así, pide a la Fiscalía del Tribunal Superior de Madrid que investigue “los ataques” que recibe el Consejero, y la respuesta fiscal es la de archivar el asunto. Entonces, claro, Esperanza y su Ejecutivo no pueden quedarse de brazos cruzados, y se sacan de la chistera un vídeo de una protesta a Güemes en la que señala (en una sobreimpresión, todo hay que decirlo, de lo más cutre) con nombres y apellidos a algunos de los manifestantes, a los que “destapa” (en un ejemplo de periodismo de investigación algo desactualizado) como representantes sindicales. Y yo me pregunto, ¿en que momento “representante sindical” ha sido recogido por la RAE como acepción de “delincuente”?
Al pobre Juan José Güemes, como al mártir San Manuel Blanco que creara Miguel de Unamuno, se le ha fundido alguna bombilla de su buena estrella y le tormenta la idea de que Dios le haya abandonado. Pero ésta no es una cuestión de designio divino o de casualidad, sino de refranero. Ya saben: de aquellos polvos, estos lodos. La Comunidad de Madrid ya no oculta sus ansias de privatización en la excusa coja de “modernizar la gestión” o de “dinamizar” el servicio (¿perdón?), sino que directamente habla del sistema sanitario de todos los madrileños y madrileñas como de una “oportunidad de negocio” para grandes inversores. Y, mientras, en el plano laboral del personal sanitario, se ha entregado a la cerrazón y etiqueta a los legítimos representantes de las y los trabajadores de “correas de transmisión” de la oposición de izquierdas. Pero no dice que ha roto el diálogo normalizado, que está recortando plantillas, que no cumple con acuerdos firmados la anterior legislatura por otro consejero pero del mismo partido, o que no se toma en serio la negociación colectiva, una de las bases de nuestra democracia en el ámbito de los derechos sociales.
Es importante hablar de esto: de lo que nuestro mártir y el Gobierno del que forma parte no quieren hablar. Es importante, y urgente, para que el Dios de la privatización y la subasta especuladora abandone nuestra Sanidad pública.

2 comentarios:

RGAlmazán dijo...

Buen artículo sobre Güemes, yerno y martir. Un beso.

Salud y República

Kaneda dijo...

De Güemes desagrada hasta su presencia. Esa pose chulesca, chabacana, ese tonito de "pijo barriobajero"...

Qué desgracia de consejero.

Salud.