miércoles, 3 de septiembre de 2008

Homenajes envenenados

Sucede tras algunas catástrofes que le cuestan la vida a mucha gente (sea por desastres 'naturales', por graves accidentes o por asesinatos indiscriminados) que muchos medios de comunicación optan por alongar a lo largo de días posteriores el tratamiento de la noticia excarvando el supuesto 'lado humano', indagando en la vida y obra de las víctimas y retratándolas con toda la sencilla emoción de las vidas normales de la buena gente de a pie. El auxiliar administrativo que hacía un voluntariado dos tardes entrenando un equipo de fútbol de chicos 'con dificultades', la teleoperadora que se iba a casar en octubre y que llevaba al parque de atracciones a sus sobrinos, el chaval que acababa de aprobar selectividad y devoraba ensayos sobre el cambio climático. Gente corriente que aflora en las páginas de los periódicos en un obituario que pretende rendirles homenajes hurgando en aquello que les convierte algo así como 'héroes anónimos'.
El caso es que a mí, esta manía de ciertos periódicos, que hemos vuelto a ver ahora en El País después del accidente de Spanair, me da cierto repelús. Y la veo de lo más morbosa. Un accidente en el que mueren más de 150 personas es una tragedia brutal en sí misma. Gente inocente a la que el destino -así en general, y cuando podamos saber qué pasó exactamente quedarán concretadas responsabilidades- cruzó una fatalidad que acabó con sus vidas. Son víctimas con todo el dolor, con todas las letras. Y lo son sean cuales sean sus plantes vitales, su profesión, su carácter, sus vidas sentimentales y familiares, sus hábitos y sus aficiones. ¿O es que no había ninguna mala -con todos mis respetos- persona en ese avión? Y si la había, que seguro, ¿merecía que sus días acabasen así? No. Claro que no. Vamos, digo yo.
Vender el 'lado humano' de las víctimas de la tragedia no es menos obsceno que vender los rumores y especulaciones, o el dolor de las familias. Pero al menos, que no lo presenten como un homenaje. Una vida vale más que eso, y tiene un valor que en la pérdida sólo puede entender y sentir quien estaba cerca, quien compartía su vida propia o parte de ella con la que acaba de irse. Una vida vale una vida, qué narices.

1 comentario:

SELMA dijo...

Completamente de acuerdo contigo, es obsceno, y no hablemos de programas de TV que se nutren de esas y otras catástrofes...

Un abrazo y decididamente escribes muy pero que muy bien... Envidia sana la mía...