domingo, 30 de diciembre de 2007

La Familia

Mi padre y mi madre tienen una prole abundante, cinco hijos -dos chicos y tres chicas-, de los cuales soy el menor -junto a una melliza-, y supongo que el modelo de familia en el que el crecido es formalmente de lo más nuclear y tradicional. Quizás no le doy toda la importancia debida al hecho de haber crecido en un ambiente familiar afectuoso, y de haber vivido una infancia y adolescencia en las que la atención mis necesidades y la preocupación de mi entorno por mis expectativas e inquietudes se combinaban con un margen de libertad y autonomía preciosísimo. De lo que sí estoy completamente seguro es de que esas condiciones que me han hecho la vida más fácil no tienen nada que ver con ese "modelo de familia", sino con la actitud sincera, responsable, honesta y sensata de mis padres, probablemente los primeros en ir dándose cuenta, al llevar las riendas de las vicisitudes y dificultades de "gestionar" a tanto crío, que la "familia nuclear es radioactiva", como gritamos en algunas manis.

Hoy, la Iglesia homófoba y cómplice de apologías de la pederastia, se manifiesta en Madrid "en defensa de la familia cristiana" como base de su orden social y moral. Y uno, a quienes sus padres enseñaron no tener nada en contra de los cristianos -¡si hasta tengo un tío jesuíta y una monja clarisa!-, se pregunta qué clase de educación habrán recibido en sus casas y en sus colegios -esos, por cierto, sustentados mayoritariamente con el dinero de todos/as- la panda manifestante de hoy, a quien por lo visto sí han enseñado a tener algo en contra de mí, por ejemplo, que soy maricón.

Cada vez me parece más lúcida y certera aquella proclama feminista de "Lo personal es político", y es que yo no puedo dejar de sentirme personalmente atacado por cada una de las barbaridades que abanderan. Y no es que quiera sentirme así. Es que, de verdad, su modelo de sociedad me agrede y excluye continuamente. Mientras que yo entiendo que una de las grandezas de los derechos es que sean universales, es decir, que puedan ejercerlos hasta quienes se opusieron u oponen a ellos, los "defensores de la familia cristiana" tienen una noción de derechos como privilegios, y por supuesto privilegios suyos, en una suerte de feudalismo moral que genera continuas exclusiones.

Por eso, hoy quiero mandarle un abrazo a mi familia: a mis padres, mi hermano, mis hermanas, mis sobrinas, a mi cuñada y mis cuñados, a mis amigos y amigas, que también son mi familia porque me da la gana (¿y qué?). Y quiero reivindicar la igualdad de mi entramado afectivo respecto al de cualquiera de los manifestantes de este Día del Señor...

...Y me uno a la Red por la Diversidad Familiar:
Los tiempos han cambiado y el modelo tradicional de familia convive hoy con otros tipos, como las familias monoparentales u homoparentales. Entendemos que esta diversidad
enriquece notablemente a nuestra sociedad y, con tristeza, vemos día tras día como algunos sectores conservadores y retrógrados, encabezados por las jerarquías eclesiásticas, intentan imponer un modelo excluyente de familia tradicional.


...Y pido solidaridad con la Infanta Elena y sus hijos Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, ¿o es que van a dejar de ser familia por la marcha de papá de casa? No hay derecho.

lunes, 24 de diciembre de 2007

...Al llegar la Navidad

Significados religiosos al margen, y bordeando la inmensísima pereza que me inspira la vorágine sentimentaloide y consumista de estas fechas; y restándole importancia a la putada que me han hecho esta tarde dos desconocidos que me han robado el teléfono móvil en un bar mientras me tomaba un té de menta..., es decir, Navidades 2007 a parte, voy a entregarme por unos minutos -y en honor a una de las cosas buenas de estos días: los langostinos- a la Felicidad bailable sobre una baldosa.

¿Quién dijo que el chotis y el villancico eran géneros que nada tenían que ver entre sí? Vale, no voy a hacerme el interesante: nadie lo dijo nunca. La musicología comparada nunca le prestó a este tema la atención debida, aunque para eso ya está Kike.

Sirva este vídeo para subrayar la importantísima deuda que tiene la cultura occidental con ambos legados musicales -el castizo y el navideño, el chotis y el villancico- y, por si alguien se creía que mi arrebato de buena fe navideña iba a acallar mi rencor antiespañol -influencia royo-villanovesca, sirva también para contraprogramar el mensaje televisado de Su Majestad.

...Ven a la Plaza Mayor al llegar la Navidad...

domingo, 23 de diciembre de 2007

Lo nuestro

Recuerdo ese clímax dramático de 'La flor de mi secreto', con Marisa Paredes aferrada desesperadamente a un matrimonio de ausencias y mentiras, colgada a la toalla que prende la cintura de un marido que siempre está de paso. '¿Hay alguna posibilidad, por pequeña que sea, de salvar lo nuestro?', dice ella. Y la respuesta está tan clara -y tan oscura- como antes de soltar al aire la pregunta.

Llevo unas semanas -algunas menos que las que llevo sin postear, que mira que llevo un otoño vago como bloggero- repitiéndome en mis entrañas esa pregunta cuando pienso en Izquierda Unida. Está la cosa tensa, muy tensa. Y estoy cansado de soportar una tensión de la que no me siento tan parte como al final padezco. No voy a entrar en valoraciones sobre el huevo y la gallina, aquí todos y todas tenemos nuestra propia idea de cómo ha devenido la historia del caos y de nada sirve andarse con esos rodeos autocomplacientes con lo que cada cual piensa.


Comparto espacios de militancia con gente muy diversa. Y lo juro: no pasa nada. El mundo no sólo no acaba: la propia actividad de IU sale adelante. Mejor o peor, pero algo acaba moviéndose. Y por eso, no sólo pienso que hay alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar lo nuestro, sino que estoy convencido de que hay materia prima para superar este quiste, esta guerra fría que está que arde. Y que ello pasa por hablar de -¿cómo era eso?- Política. Ojalá el centro de los debates de IU fuese -por ejemplo- nuestra posición y discurso sobre la propiedad intelectual -ahora que todo nuestro entorno en internet se preguntá 'por qué le hemos abandonado' a lo "San Manuel Bueno, mártir"- y no las eternas divagaciones caníbales sobre la gama de colores que nos define o las medidas de urgencia dirigente a tomar porque "vienen los malos".

Ya: estas obviedades buenrollistas que ahora suelto aquí no son nada nuevo. Precisamente por eso, en vez de oírnos decir lo mismo por enésima vez, quizás deberíamos empezar a escucharnos.

Así, hablando conmigo mismo sobre esto, es como he llegado a un texto que Jóvenes de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid aprobó por unanimidad de su Pleno regional poco antes de la última asamblea regional de IU, en septiembre de 2004. Entonces, decíamos:
[...] Hacemos un llamamiento a la generación de nuevas dinámicas políticas unitarias y a abrir un proceso de reflexión y autocrítica sobre nuestra situación.
[...] Creemos que el debate en esta asamblea no puede centrarse en abstracciones ideológicas simplistas, o en personalismos, que no hacen más que ocultar intereses de grupo. IU tiene una de proyecto político, de modelo organizativo y sobre todo de credibilidad social. Las soluciones no pueden salir de una confrontación estéril e infantil sobre no se sabe que jerarquía de colores, hay que hablar de política. Debemos entrar en los problemas políticos prácticos, escapar de un debate que busca referencias identitarias que no favorece las formas unitarias y las identidades colectivas comunes. La identidad de IU no está a debate ahora, lo que debatimos aquí es la viabilidad del proyecto, de la estructura organizativa, de las prácticas y del modelo de dirección. Recrearnos en debates históricamente superados sólo nos separa del problema real y de nuestras bases sociales.
[...] No habrá cambio sin relevo, y sin cambio, esta organización desaparecerá.
[...] Este relevo no debe ser traumático, y sobre todo no debe descapitalizar la organización, nadie nace sabiendo dirigir una organización, y la experiencia debe estar muy presente. Por eso es necesario que algunos compañeros den un paso hacia atrás y otros hacia delante. Sin cambios reales, visibles, y en sitios clave nadie volverá a ilusionar a la militancia y sobre todo a los que ya no están, a las generaciones perdidas de IU.
Con esto pretendemos romper con el pluralismo mal entendido. Las corrientes y sensibilidades han pasado de articular la opinión a absorber la militancia. La afiliación debe trabajar de forma unitaria en IU. Y en IU el centro debe ser la militancia, las asambleas y los órganos.
Poco ha variado la situación interna desde entonces, a nivel regional y federal. Y ya da igual recrearse en diagnósticos sobre el camino que nos ha traído hasta aquí, que sólo van a reportarnos más divisiones entre quienes tenemos claro que hay que tirar por la integración y la transversalidad. En 2004, Tomamos la palabra. Vayamos pensando ahora en pasar a la acción.