martes, 25 de septiembre de 2007

La Noche en Vano

De verdad, de verdad de la buena: de mayor quiero ser cultureta y lo digo de todo corazón, y sacar más tiempo para escurrirme por entre las bandejas de "vino español" de los saraos, ir a ver todas las películas que marco en el programa de la Filmoteca y alternar con trovadores de relatos hiperbreves. Pero, a falta de una vocación intelectualoide más clara y definida, y de más tiempo y decisión para llevarla a buen (o mal, o regular) puerto, uno acaba conformándose con el buffé libre una vez al año, o, lo que es lo mismo, las Noches en Blanco que crecen como setas en las agendas culturales de grandes ciudades europeas.
No voy a entrar en grandes valoraciones sesudas y aguafiestas. No voy a detallar el escozor que me produce que esa especie de 'olimpiaditis' de las grandes urbes del siglo XXI -la lógica competitiva de la ciudad-espectáculo- haya convertido lo que a priori podría ser una 'buena idea' en más de lo mismo. Ni voy a andarme por la obscena comparación entre el despliegue de esa noche y los servicios culturales de proximidad, las políticas de apoyo a la creación o el programa habitual de cultura de calle del Ayuntamiento de Madrid. Ni siquiera voy a criticar la falta de previsión a la hora de planificar el transporte público coincidiendo con la cita.
Al diablo con todo eso, aunque sean verdades como puños. Lo peor de la Noche en Blanco fue ese perderse torpemente en una masa que recorría también torpemente calles y avenidas, dando tumbos de cola en cola. Lo peor fue ese "Pero entonces, ¿nos metemos aquí o nos vamos a allá?", ese "Dicen que lo de acullá es de lo mejor del programa", ese "Me iría ya para casa, pero a ver cómo vuelvo ahora". ¿De verdad alguien pudo ver algo más que gente igual de perdida que uno mismo? ¿Qué se entiende por "casi morir de éxito"? Además de para dar titulares en noticias claramente prefabricadas, ¿para qué sirve la Noche en Blanco?
Y ahí sigue mi programa de la Filmoteca, marcado, sufriendo en silencio mis infidelidades. A ver cómo le explico que aquello fue sólo un desliz de una Noche.

sábado, 22 de septiembre de 2007

...Y en tu fiesta me planté...


"No me invitó, / pero yo fui, / tras la esquina espero el momento / en que no me miren/ y meterme dentro"... Como si de la canción de Mecano se tratase, ayer me planté en la Fiesta del PCE. Pero no me colé, ojo, que tras vencer una malsana tentación pagué 'religiosamente' 20 euritos y suerte tuve de poder comprar en 'reventa' y por su precio original el bono de los tres días mientras hacía cola en la taquilla de la entrada cercana a Lago. Y hoy, casi-resaca mediante, tengo sensaciones encontradas sobre mi paso por allí. Como en realidad las tengo respecto al propio PCE desde hace tiempo.

Como constatando los rumores que desde hace tiempo hablan de las pérdidas económicas que genera la Fiesta, y en general de la decadencia de su formato, y el sobreesfuerzo que supone su organización para el Partido, las impresiones que experimenté al cruzar el umbral de la entrada a la Fiesta se centraron en la reducción del espacio 'efectivo' del evento y sobre todo en la poca afluencia de gente respecto, por ejemplo, a la última vez que acudí hace sólo un par de años.
Pero ya antes de entrar tuve una impresión poco menos que catastrófica: la avalancha de gente dispuesta a colarse ocasionó un embotellamiento alborotado a la entrada, algo terriblemente inseguro que la organización intentó solucionar pidiendo efectivos policiales. Entiendo completamente que el PCE moviliza un importante número de voluntariado para asegurar la tranquilidad y orden el interior del recinto, y que lo pase "fuera" le supera, y entiendo además que la Policía debe estar al servicio de esas cosas también -que no todo va a ser reprimirnos en manifestaciones- pero, ufff, qué escalofrío da ver cómo se aparecen en la puerta de la Fiesta del PCE tres 'lecheras', y cómo de una de ellas se bajan agentes al estilo antidisturbios -casco, escudos, arsenal de pelotitas de goma- para deshacer el nudo...

Soy muy crítico con el PCE, con su aparato directivo actual, con su estrategia interna en Izquierda Unida. Cualquiera que me conozca lo sabe, y no lo oculto, y alguna vez también lo he sido en este blog. Sin embargo, me apena profundamente lo que vi ayer. No hablo ya del tumulto de la entrada, con poli incluída, sino de la poca gente y el ambiente apagado que reinaba en toda la Fiesta. Creo que es una derrota para toda la izquierda, una derrota por otro lado anunciada porque ha sido progresiva desde hace varios años, y que de la que la organización de la fiesta debería tomar nota para reformular un formato que está agotado: por ejemplo, ¿por qué no trasladar la fiesta a otro sitio donde sea más sencillo gestionar y controlar los accesos sin necesidad de hacer un despliegue policial? Por otro lado, la gestión del uso de los pabellones donde se ubican los puestos, tenderetes y casetas de librerías, comercio justo y organizaciones sociales, presentaba algunas defienciencias padecidas por estas organizaciones -según me comentó una conocida que estaba en uno de esos puestos- que habría que revisar.
Y respecto al contenido, en fin, no me parece nada raro la poca afluencia de público. Si quienes nos sentimos comprometidos con la izquierda vencemos a duras penas algunas diferencias con el PCE -y no reniego, quizá, de cierto sectarismo por mi parte, de acuerdo-, no se le puede pedir esa misma exigencia gratis a quien siente afinidad y cercanía pero no está tan comprometido. Este año, en mi opinión, todo el programa de actos y charlas de la fiesta nace impregnado precisamente de sectarismo. Es inaudito que el coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, no haya sido invitado a participar de ninguna mesa redonda ni ponencia.
Tengo buenos compañeros y compañeras del PCE. Gente con la que tengo diferencias en la concepción organizativa de IU y en la cultura política que a lo mejor son insalvables si queremos llevarlas a su máxima expresión, pero gente con la que también trabajo a gusto cuando de verdad abordamos esos debates y del apasionamiento frentista pasamos al entendimiento en lo concreto. Como un embrión fundamental de IU, me siento orgulloso de la trayectoria del Partido Comunista, y creo que mi propio discurso político está más cercano a lo que yo entiendo una evolución coherente del PCE histórico -de ese PCE que articuló la resistencia más combativa en la Guerra, que protagonizó la oposición real al franquismo, que abanderó una izquierda heterodoxa y de vanguardia en la transición- que a otras etiquetas que la izquierda alternativa ha ido prendiéndose a la solapa más tarde. Por todo ello, me entristece cosas como las que están pasando este fin de semana, y que son una muestra muy gráfica de la deriva del PCE.
Dudo, por desgracia, que Frutos o Alcaraz vayan a abrir los ojos en estos términos. Me temo que seguirán con su huida hacia adelante. El espectáculo debe continuar... "Mucha niña mona/ pero ninguna sola, / luces de colores, / lo pasaré bien". Ojalá me equivoque. Próxima estación, de momento: el mitin central de esta noche. A ver.

martes, 11 de septiembre de 2007

¡Es Rajoy, imbécil!

Mariano Rajoy, el hombre que no recuerda cuánto cobra, ha vuelto a ser designado candidato a la Presidencia del Gobierno. Ya hace cuatro años vivió un momento similar, pero entonces el mundo parecía recién pintado. Cuando el dedo de Aznar señaló a Rajoy, algunos fuimos tontos y nos fijamos en el dedo: y venga a cebarnos con que si la democracia interna del PP se reduce al ordeno y mando de Pepemari, y que si era un títere del entonces Presidente, y un pusilámine teledirigido.
Ahora ya sabemos que Aznar va a jubilarse entre los fogones ideólogos de la FAES con mucha autoridad moral pero no tanto margen de actuación, y sobre todo sabemos que Rajoy perdió. Pero ahí sigue. El dedo aparece y desaparece como el Guadiana, pero ahí sigue Rajoy.
La furia cortesana de Acebes y Zaplana, la silenciosa carrera de fondo de Esperanza Aguirre, las inoportunas batallitas del abuelo Fraga, la ambición ostensosa y buenrollista de Ruiz Gallardón. Cada ruido en su caja, cada peso en su balanza. Y Rajoy a plan, sobreviviendo. Hay quien ve debilitado su liderazgo, pero en verdad yo lo veo más fuerte que nunca: un tío bajo cuyo mandato el PP se lleva un varapalo en las generales, en Galicia, el País Vasco, Cataluña, y luego mantiene el tipo en las autonómicas y municipales, con aires de hombre de Estado; un tipo escoltado por magos de la crispación, y que habla y parece templado; un señor que recurre al Constitucional el matrimonio homosexual pero asegura que iría a la boda de su hijo si éste se casase con un hombre...

Un hombre que parecía la voz de su amo, pura huella dactilar, y ahora es de nuevo designado candidato a la Presidencia de Gobierno; Rajoy, en suma, tiene algo en lo que no habíamos caído. No digo que posea virtudes sobrehumanas,ni que sea especialmente brillante, pero sí que es lo suficientemete ágil como para disimular sus errores, y aprovecharse de 'lo bueno' de su clá y esquivar los daños colaterales que ésta genera. Quedan seis meses para las elecciones generales, y por mucho que diga Pepe Blanco, ahí está Rajoy, entero, ratificado. Con unos dirigentes con ramalazos díscolos, pero ahí está. Con unos índices de popularidad bajísimos. Pero ahí está. Mucho ojito. No sería Rajoy el primer caso de humano que consigue salvarse de sí mismo.

lunes, 3 de septiembre de 2007

La ternura de deconstruirse

La repercusión que ha tenido en la blogosfera y foros virtuales varios la convocatoria, de este próximo viernes, de una asamblea de hombres contra la violencia de género me ha hecho pensar que algo está cambiando. No me refiero sólo a la sensibilidad de algunos hombres hacia la lacra de la violencia de género, no me refiero sólo a ese certero "el silencio nos hace cómplices". He podido leer en alguna que otra bitácora, y en listas de correo electrónico, reflexiones en torno a la masculinidad que más allá del "sentirse solidario por compromiso" interiorizan conceptos profundamente transformadores. Me parece un punto de inflexión muy interesante: nada podemos cambiar si no nos miramos a nosotros mismos desde aquello que somos, desde aquello que "tenemos" que ser, y lo cuestionamos.

Coincidiendo con esta convocatoria y con, que por lo visto, vamos a acabar todos bisexuales, os dejo con un corto de Daniel Sánchez Arévalo, una promesa cumplida del cine español, maestro del cortometraje y director del largo 'Azul oscuro casi negro'. En él, como quien no quiere la cosa, dos machotes se dan de bruces con un cuestionamiento -nada intelectualizado- de su masculinidad. Una deconstrucción divertida, y muy tierna...