miércoles, 22 de agosto de 2007

Comparaciones

Comparar es inevitable. A fin de cuentas, y aunque no me considero liberal, si hay algo irrebatible entre los fundamentos del liberalismo es que buena parte de lo que nos hace humanos se basa en la capacidad de elegir, y por tanto, de discriminar entre varias opciones posibles. Eso, sumado a aquella otra cualidad tan humana que es la de dedicar una curiosidad indiscrimina a registrar y juzgar lo que hace el prójimo ("...a mí no me gusta de criticar, pero..."), hace que nos pasemos, implícita o explícitamente, el día comparando. Por eso nunca he creído en eso de que las comparaciones son odiosas por norma general.
Ahora bien, está claro que algunas comparaciones sí son odiosas. Y absurdas. Y cínicas.
Podría referirme a la comparación que hizo mi querida Espe a principios de verano. O podría señalar las recientes declaraciones de Isabel García Marcos, otrora azote del gilismo marbellí, que todo lo que tiene que decir de su implicación en la 'operación Malaya' es que se siente una presa política, "como la Pasionaria" -sic.
Pero francamante, ésas son comparaciones inofensivas comparadas con el nuevo delirio de Bush.
Que digo yo que una cosa es que comparar sea algo inherente al ser humano, y otra cosa es que haya que hacerlo compulsivamente... Pero ya puestos, ¿quién da más?

No hay comentarios: