viernes, 4 de mayo de 2007

Sin ganas

Poco a poco, el nombre de mi ciudad, Rivas, ha trascendido como sinónimo de otro mundo posible a partir de lo cercano, lo inmediato, lo local. Y así ha sido porque en Rivas existe una mayoría política y social progresista. Ello no quiere decir que la derecha sea residual, ni mucho menos. El mejor resultado electoral del PP en Rivas fue en las elecciones generales del año 2000, con un 36,81% de votos, y el peor resultado fue en las elecciones municipales pasadas, las de mayo de 2003, con un 26,31%, que ya quisiéramos en IU en el resto del Estado...



No me explico, por tanto, el escasísimo arrojo que le está echando el Partido Popular al debate preelectoral y a la reciente y actual vida política ripense en general. Mi compañero Joserra ya ha hablado últimamente en su bitácora de la múltiple escisión que ha vivido en su seno el PP local (el misterio de la "Santísima Trinidad"). Al margen de las dos escisiones, quiero centrarme en lo que ha quedado del Partido Popular propiamente dicho, que, como digo, está desaparecido en combate.



Su candidata, Marisa Del Olmo, cuya gestión al frente del Partido como presidenta local ha sido bastante controvertida internamente (de ahí la aparición de Ciudadanos de Rivas y la Unión Centrista Liberal), consiguió el apoyo de Génova, y ha resistido a esas mareas intestinas con bastante entereza. Por eso no entiendo su ausencia permanente del debate político local: ella apostó por quedarse, por liderar ese proyecto aun pagando el precio de que se le fuese entre portazos media organización... Y todo para que a menos de un mes de las elecciones siga siendo una desconocida para la inmensa mayoría del pueblo: no quiso ir a un debate celebrado en marzo con los candidatos de otras formaciones porque consideraba que era "demasiado pronto", y volvió a dar plantón a un medio local hace menos de un mes sin hacerle llegar sus propuestas cuándo este les requirió algún extracto de programa para publicarlo junto a los de las otras candidaturas.



Ahora vemos, por fin, su cara en algunos carteles pegados esta misma semana, y hace ya algunas semanas que empezaron a embuzonar algunos tarjetones temáticos exponiendo algunas de sus propuestas. Sin embargo, en el ambiente real, tangible, de la calle y el día a día, el PP es en Rivas invisible. No soy muy de quinielas, pero es de imaginarse una bajada aún mayor que la de 2003. Probablemente salven el tipo por la propia marca PP, pero no será por las ganas que le esté echando su candidata. ¿Tanta batalla interna para esto? Es de pena que la ciudadanía ripense que apoya al PP en otras convocatorias no encuentre correspondencia en su cita con el futuro de lo concreto y lo local. Los apoyos de Marisa serán por inercia y convicción, y serán apoyos al fin y al cabo, pero no la respuesta a una ilusión que ella se ha mostrado incapaz de encender.

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