viernes, 19 de enero de 2007

Los otros tiriteros


Por debajo y por encima del ruido con que se arremete contra Pilar Bardem, Juan Diego Botto o Federico Luppi -al grito de "¡¡Titiriteros subvencionados!!"-, la vida sigue, con sus más y con sus menos. Y, con ella, siguen problemas cotidianos de los que nunca hablarán los fanáticos columnistas de Libertad Digital. Esto, en verdad, no me extraña: ya sabemos a qué juega la hoja parroquial electrónica de Jiménez Losantos. Lo preocupante es que de determinados problemas no hable casi nadie.

El cine español, debilitado en un mercado audiovisual de siempre pendiente regulación, y víctima del círculo vicioso de su no-industria, no es sólo Pilar Bardem o Pedro Almodóvar o Elías Querejeta. Sin desmerecer a éstos y otros nombres, y a su trabajo que tanto sigo y me gusta, las películas las hace mucha gente. Gente -también, y en su mayoría- anónima, que no se verá jamás nominada a un Goya ni premiada en un Festival. El periódico Diagonal, en un artículo de Ígor del Barrio, nos lo recuerda, y nos acerca a la precarísima realidad laboral de los técnicos cinematográficos.

Ahora que se está debatiedo sobre la Ley del Cine, no estaría de más que, a la hora de pensar en sus contenidos, se tuviese en cuanta una definición de la industria y el trabajo en la que quepan aspiraciones de todos los sectores, y no sólo de los mandamases de las teles -por mucho que éstas soporten en gran parte nuestro cine.

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