martes, 28 de febrero de 2006

Que me borren, leches


Tras leer el post sobre la apostasía en el blog de Salva, se me ha ocurrido que estaría bien empezar a hacer rodar la bola de nieve hasta convertirla en un boloncio enorme. No es fácil, ya que Benedicto, Blázquez y Rouco son muy celosos de nuestros datos, pero merece la pena intentarlo. Siendo respetuoso con las creencias de cada cual, lo mínimo que se debe exigir es corresponsabilidad: que ellos sean respetuosos con mi decisión (reflexiva, madura, firme, irrevocable) de no creer en su dogma y, por tanto, de no querer aparecer en sus listas.

No se trata sólo de no querer formar parte de algo que no me creo. Es que, además, la jerarquía católica, más allá de toda fe, defiende y pretende imponer una injerente y totalitaria visión del mundo que sólo puedo tomarme como algo personal. No es que no crea en ella, que también, es que me siento agredido, insultado, excluido, ofendido por ella. Y tengo derecho a no querer ser de los suyos, y tengo derecho a no querer ser parte de la coartada estadística con la que justifican sus privilegios.

Qué leches: ¡¡que me borren!!

Nota: en este enlace al que también redireccionaba Salva, está toda la documentación y pasos a seguir necesarios. ¡Suerte!

lunes, 27 de febrero de 2006

Antes de morir

Roma, supuesto punto exento de las leyes de guerra, oficialmente "ciudad abierta", como dice con triste ironía el título de la película de Rossellini, fue en verdad una ciudad sitiada, ocupada, sometida y convertida en campo de batalla por los nazis y fascistas en la II Guerra Mundial. Rossellini consigue en su cinta dibujar el mosaico humano de los ocupantes y los resistentes, en un ejercicio antibelicista, antifascista y de una tremenda carga emotiva.

Una de las secuencias que más me ha impresionado es aquella en la que los nazis irrumpen en una casa de vecinos (una corrala a la romana, devastada) y se llevan, entre otros, a Francesco. Pina, a punto de casarse con él, salta a correr detrás del furgón que se lo lleva, esquivando las barreras de guardias que intentan retenerla. El camión avanza, y Pina, detrás, grita el nombre de su amado mientras aligera sus pasos. Su rostro es todo desesperación.

Pina corre por instinto. Porque a ello la empujan su amor y unos ideales que no ha construido, que de alguna manera simplemente ha asumido al tener consciencia de su alrededor. Pina corre llamando a Francesco, deseando sus labios y sus brazos y sus palabras cálidas alentadoras, deseando una Roma liberada, una vida luminosa, en paz. Corre sin tener más certeza que el nudo que la ahoga por dentro, corre sin saber por qué Roma y su existencia se han convertido en eso, corre sin saber correr. Corre sin saber que van a matarla al próximo paso que dé.

Desde el furgón, un nazi dispara contra Pina, que cae sobre los adoquines a los ojos de su amado (preso en el vehículo) y de su vecindario y su propio hijo, que permanecen en la calle con un miedo más humano de lo que jamás pudieron imaginarse.

La matan.

Pero antes de morir, Pina ha salido corriendo porque así se lo exigieron sus piernas en un acto reflejo. Matan a Pina porque no podían matar su libertad.


Nota: No os perdáis "Roma, città aperta /Roma, ciudad abierta", de Rossellini

sábado, 25 de febrero de 2006

Luxuria al poder

Muy fuerte. En el mejor de los sentidos.

Refundación Comunista, partido integrado en la coalición progresista italiana La Unione, ha incluido en sus candidaturas a Vladimir Guadagno, nombre en los papeles oficiales de la estrella drag italiana Vladimir Luxuria, trásgenero dedicada al espectáculo. Con su boa de plumas, sus guantes largos, y un aire entre vedette y neorrealista, Vladimir Luxuria ha dado el paso de postularse como candidata a las elecciones generales del próximo mes de abril con los principales objetivos de defender los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales y la laicidad efectiva del Estado.

Me gusta Vladimir porque, en sus declaraciones (atónitos dejó a los medios en su comparecencia esta semana en la Asociación de la Prensa Extranjera de Roma), combina un desparpajo incisivo con una sonrisa de oreja a oreja y una determinación en sus palabras que nadie se esparaba entre tanta purpurina. Su presencia, de alguna manera, subraya la urgencia e importancia de poner sobre el tapete político las necesidades reales de la gente y, a la vez, reivindica como derecho de primer orden la frivolidad entendida como distancia irónica imprescindible para madurar y contrastar nuestras visiones de la realidad.

"De Italia cansa", ha dicho en referencia al matrimonio homosexual, "esa actitud prepotente e invasiva de los políticos al tratar el tema, como si fuéramos el baluarte de la moral con mayúsculas". Refundación Comunista, partido que lidera Fausto Bertinotti -quien propuso personalmente a Luxuria que se presentara con ellos a las elecciones-, defiende ese derecho civil para las parejas del mismo sexo, aunque es un asunto muy controvertido dentro de las filas de La Unione, cuyo líder, Romano Prodi, ha prometido protección jurídica a esas parejas pero nunca como matrimonio.

Para Luxuria, "en Italia, por desgracia, muchos políticos, tanto de derechas como de izquierdas, adoptan posturas no basadas en su propia reflexión, sino según el designio de las altas esferas vaticanas". Por ello, ha pedido un diálogo directo con el Vaticano, para que "la Iglesia católica, en vez de debatir tanto sobre los gays, por los que tiene una verdadera obsesión, debata con los gays. Sé que es una utopía que lleguemos a pensar igual, pero un encuentro en el Vaticano sería bonito; al menos habría arte, bellos exteriores...".

A sus 40 años, esta licenciada en Lengua y Literatura Modernas por la Universidad La Sapienza de Roma ha tenido palabras duras para el Gobierno italiano actual, y en sus declaraciones ha sabido canalizar esas críticas en positivo, contraponiendo las medidas que aplica Berlusconi a las del programa que ella defiende en esta campaña, como el impulso a una verdadera educación sexual. Y, a pesar de esas críticas al populista mandatario italiano, lo ha dejado bien claro: "No odio a Berlusconi. A fin de cuentas él también se maquilla".

¿No es fantástica?

jueves, 23 de febrero de 2006

Se sienten, coño

Andaba yo amodorrado a eso de las tres y cuarto de la tarde, intentando engañar al sueño con el aperitivo de una siesta que no me iba a dar tiempo a echarme. De fondo, el telediario como un lejanísimo compañero en mi exploración de la zona fronteriza entre estar durmiéndose y estar dormido. A través de las ventanas entraba la luz perezosa de este nevar a ratos. Todo paz.

Y, de repente, un vuelco al corazón. Un sobresalto me ha devuelto aturdido al mundo de los vivos. Me he incorporado, abriendo los ojos como platos, y poniendo los pies sobre el suelo con tal energía asustadiza que la corrala entera ha temblado. He contenido el aliento. Y todo, tras un grito inconfundible:

-¡Se sienten, coño!

Mi mirada perdida ha encontrado respuesta en la pantalla. Allí, Tejero, volvía a ser noticia, como el 23-F de 1981, aunque ahora con la distancia que la Historia ha concedido a aquel Golpe de Estado fallido, y a su ridículo protagonista. Hace hoy 25 años.


...Malditas imágenes de archivo...

miércoles, 22 de febrero de 2006

La corrala de Penélope

El domingo pasado, al intentar relatar la extrañeza de enfrentarme a la rutina del día siguiente (que, como me apresuré a desmentir el lunes, tampoco era para tanto), hablaba de cómo a eso de las diez de la noche, cuando el cielo se ha puesto el pijama, la corrala se convierte en una colección de "nichos encendidos", ventanas que colorean de luz doméstica el tapiz nocturno en que queda convertida la fachada.

A estas horas (la una y viente, marca el reloj) el patio al que asoma el interior de esta bitácora es un desagüe de sueños, sumidero cuadrado al que van a parar ronquidos y lejanos sonidos de alguna televisión encendida a la que ya se presta ninguna o poca atención. Los insomnes hacen 'zapping' saltando del cine club de La 2 a un Buenafuente que empieza a apagar su presencia catódica, y tontean a lo loco durante los anuncios con un dial radiofónico deseando que pasen los minutos para que empiece cuanto antes el "Hablar por hablar".

Hay, tanto en los ronquidos de quienes duermen como en la teletienda de madrugada del desvelado, el eco remoto de unos dedos que descosen la manta confeccionada a plena luz del día. Hay una espera prolongada desde un tiempo y un espacio lejanos, siempre el mismo hilo, siempre la misma Odisea. Una Penélope debajo de cada almohada, cada sueño, cada vigilia. Cada cual.

Sé muy bien que Homero nunca pasó por esta corrala. Y sin embargo, sus huellas se escuchan en las galerías, en las escaleras, en el viento que zarandea la ropa tendida, en los buzones y las barandas de madera.

Sé muy bien que Homero nunca pasó por esta corrala. Y sin embargo, detrás de cada puerta, me consta, Penélope aguarda el regreso de su superviviente de guerra mientras desteje las horas de sol.

martes, 21 de febrero de 2006

Dialéctica


El profesor despliega sus vastos conocimientos en oferta ante la clase, como si de un ‘top manta’ de sabiduría se tratase. Todo un privilegio para sus oyentes. Estamos que lo tiramos, estamos que lo regalamos. Con cierto tono afable y distendido, consigue hacer que su soberbio viaje de vuelta de todo sea más o menos llevadero. Pero todo tiene un límite.

Una chica, desde los pupitres, sugiere que quizás esa forma de dirigirse a la audiencia es un poco intimidatoria. Con voz suave, serena, la chica (el pelo rojizo rijado soplando calma al aire) medita sobre la costumbre generalizada (y particularizada, en este caso, en el profesor) de creerse en posesión de una Verdad más intimidatoria aún.

Él frunce el ceño, y responde con una prolongación de sus divagaciones... Consigue llevar la conversación, una vez más, a su terreno. Es difícil ahora seguir sus razonamientos en voz alta, pero termina acusando a la alumna de “relativista”. Le dice:

-Si tú eres relativista, siempre tendrás todas las de perder frente a quien no lo es.

Y ella...


-Depende.

Nota: ésta es una situación rescatada de la realidad de una clase de
Historia de la Comunicación Social de hoy mismo.

lunes, 20 de febrero de 2006

No era para tanto

Pues no, no lo era, jeje.

He ido a la facultad, me he reencontrado, sin más agobios de los que marca por narices el calendario lectivo, con las aulas. Y ha estado bien. Siempre es duro enfrentarse a una rutina que no acabas de sentir como tuya (desde diciembre casi casi sin aparecer por clase...), pero es maravilloso vencer resistencias y, desde la tranquilidad, disfrutar de cosas a las que le tenemos excesivo miedo prejuicioso o simplemente nos pasan inadvertidas.

Mi último post estaba escrito desde el bloqueo, aunque con esperanza de derribarlo. Así ha sido... Pero hoy se ha librado la primera batalla.

Me queda un cuatrimetre, jeje.

domingo, 19 de febrero de 2006

Esta noche

La noche de la ciudad entra con toda su contaminación lumínica por la ventana de mi bitácora. La corrala es una sucesión de nichos encendidos sobre el tapiz de una fachada fundida en la oscuridad de las diez de la noche. Farolas y letreros la desafían en la calle.

Y yo me voy deslizando hacia mañana con esa extraña sensación de domingo por la tarde (por cierto, no os perdáis el artículo de Isabel Coixet que habla sobre precisamente esa sensación) pero, además, con un agobio extra: he pasado un primer cuatrimestre de la facultad bastante alejado de la vida académica; mañana empieza la recta final del curso y estoy como en blanco, con el inminente peso de tener que ponerme las pilas y empezar el curso cuando éste ya va a la mitad.

Igual esta semana paro poco por la corrala, porque me lo voy a tomar en serio. Puedo hacerlo. Con tranquilidad pero con seriedad.

Esta noche voy a cerrar los ojos y mañana voy a abrirlos convencido de que estar un poco más centrado en la universidad no sólo va a solucionarme el apaño de cerrar el curso en condiciones, sino que va a darme más de un buen momento.

...Vaya tontería de post, ¿no?, la verbalización de los ánimos que me doy a mí mismo. Bueno, hay confianza.

Viajar solo (II): Un mundo recién pintado


A Montserrat Cano, una de las mejores escritoras que he leído jamás y a la que tengo el honor de contar como profesora del Taller de Literatura (qué tiempos). Rescato este doble ejercicio ahora en este 'post' y el inmediatamente anterior. Es igual el orden en que se lean... no altera el producto... Porque la realidad a veces anuda vivencias sin que podamos llegar a saberlo nunca, y la literatura sirve para contarlo...


Lo he vuelto a ver. Ha cogido un vuelo a Palma de Mallorca, el último en que he tenido que recoger tarjetas. Nuestras miradas se han vuelto a cruzar. Cada vez que me ve pone la misma expresión de grata sorpresa, no sé si porque es consciente del reencuentro o porque no recuerda haberme visto antes y le causo una buena primera impresión. Muy mala memoria tendría: es la sexta vez en trece meses que toma un avión y me dedica esa sonrisa tan especial.

Es un hombre normal, casi atractivo. Como las otras veces, no llevaba compañía de ningún tipo. Encarni, siempre tan agradable, se refiere a él despectivamente como “uno de esos que viajan solos”. Dice que debe de tener una novia en cada (aero)puerto y que por eso una vez va a Santiago, y la siguiente a Lisboa, y la próxima a Palma. Si así fuese, la verdad, no me importaría ser la chica de Madrid-Barajas.

Pero no, no creo que sea el caso. Seguramente viaje por motivos de trabajo. A lo mejor es comercial de alguna empresa, o escribe crónicas para una revista de viajes. O a lo mejor tiene tiempo y dinero y viaja por placer. No, tampoco debe de ser eso: tiene un aire tristón que no tendría nadie que viajase tanto por puro placer. O sí, quién sabe: quizás está triste porque viaja solo. O lo mismo no está triste y simplemente tiene la cara así, no sé, de nacimiento.

Cuando he visto despegar su avión, atravesando las primeras luces del día, cuando he sabido que las nubes le abrían paso y el mundo parecía recién pintado, he tenido un puntito súbito de infelicidad. ¿Y si se cae el avión y muere en una terrible tragedia? ¿Y si en Palma conoce a otra azafata de tierra y se queda allí con ella? ¿Y si, en caso de volver a Madrid, no vuelve a coger un avión en su vida? ¿Y si vuelve a coger un avión pero el vuelo no coincide con mi turno?

Dios mío, ¿por qué no será todo más sencillo? Mi abuela dice que siempre hay un roto para un descosido. Y, joder, no puede estar más claro: él es un hombre que viaja solo y yo, una mujer sola que nunca viaja...

La próxima vez que lo vea, si hay próxima vez y he sobrevivido a la espera, le sonreiré más que nunca. No me atreveré a decirle nada en especial, no tiene sentido; sería absurdo, estaría completamente fuera de lugar. Él creería que estoy como una cabra si de mi boca saliese algo así como “te he echado de menos”.

Sin embargo, le miraré fijamente a los ojos y, buscando un refugio de intimidad entre tanto desorden de gente y destinos, mi mirada le dará las gracias por volar con Iberia. Por volar conmigo.

Viajar solo (I): Ser y no ser

Soy de esa clase de hombres que viajan solos. De ésos que compran 'best-sellers' en edición de bolsillo en las estaciones de tren y los aeropuertos.
Soy de esa clase de hombres solos que viajan solos. De los que tienen un trabajo “cómodo” que les da cierta flexibilidad. De los que carecen de “cargas familiares”. De los que no tienen excusa, en definitiva, para no coger el primer Talgo o el próximo vuelo y plantarse allí donde sea preciso. Mi tía profesa como monja en Burgos, mi primo se casa en Santiago, unos amigos inauguran su chalé de Marbella, mi hermana expone en Palma. Soy de esa clase de hombres que viajan por compromiso.


Soy de esa clase de hombres que se enamoran de las azafatas que recogen las tarjetas de embarque, ésas que se quedan en tierra. Y de las mujeres del asiento de al lado del tren, ésas que llevan un niño en brazos y un anillo de casada. Soy de esa clase de hombres que coleccionan flechazos al aire.
Soy de esa clase de hombres de existencia contradictoria.

…De los que engordan los beneficios de Renfe e Iberia. De los que hacen de los best-sellers más best-sellers todavía. De los que cumplen con los parientes sin que nadie deba pedírselo. De los que les dedican sonrisas a las azafatas de tierra. De los que ayudan con las maletas a las madres casadas.

…Y soy también de ésos que, si un día cogiesen el tren equivocado o descubriesen en el momento de embarcar que se han dejado el billete en casa, se quedarían con la duda de que alguien les fuese a echar en falta.

…Soy.

viernes, 17 de febrero de 2006

Gallardón, en las nubes

Hace unos días, el Ayuntamiento de Madrid nos recordó que aquello de que "polvo somos, y en polvo nos convertimos” no es sólo una metáfora la mar de trascendental, sino que de vez en cuando se convierte en una amenaza meteorológica para la salud. Así, esta semana se ha convertido el ‘footing’ en un deporte de riesgo; la causa, una “intrusión sahariana” (así se llama científicamente, por lo visto)... Vamos, una nube de polvo procedente de más abajo del Estrecho.

En uno de esos malabarismos del poder, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que por Madrid el Manzanares está siendo sepultado para dar vida (sic) a una versión ‘regenerada’ de sí mismo, Gallardón se ha agarrado a la nube marrón y ha vestido el debate sobre los índices de contaminación ambiental en la capital con uno de esos trajes nuevos del Emperador que tanto le gustan. La propuesta estrella (que, perdonad, el chiste fácil, es más que nunca una cortina de humo) consiste en prohibir, a partir de 2008, la circulación por el centro de la ciudad de los coches anteriores a 1993, que por lo visto son los que más contaminan.


Uno, que conduce porque en la tómbola aquel día estaban generosos (o no tanto, caramba, que aprobé a la cuarta) y que tiene coche a pesar de un golpecito contra una cristalera de Correos y contra un taxi, no entiende mucho de estas cosas. Pero, ¿de verdad contamina más un Seat 127 que un Jeep Grand Cherokee recién estrenadito?


Y aunque así fuese, igual lo que necesita Madrid, más que un ‘plan renove’, es un Plan Integral de Movilidad Sostenible... Ya sé que todos estos términos suenan siempre a tecnicismos politiqueros tan vistosos y vacíos como las propuestas del señor Alcalde, pero el nombre es lo de menos. Me refiero a que Madrid se está convirtiendo, cada vez más, en una ciudad para circular, cuando no para estar simplemente atascado. Y que ello tiene graves impactos sobre el medio ambiente y sobre la salud, pero además los tiene sobre los hábitos de vida y la calidad de los desplazamientos para las personas.

Frente a ello, la respuesta tendría que ser global, estratégica, y combinar soluciones de limitación del tráfico con otras como peatonalización del centro, extensión de carriles-bici o una planificación integrada de todos los transportes públicos, no como ahora, que se invierte una pasta en llevar el Metro a futuros paraísos de la especulación sin ninguna mentalidad ‘sistémica’ en armonía con otras redes de transporte, como el autobús. ¿Y por qué no regresa el tranvía? ¿Y la sensibilización social?

En fin, amigas, amigos, que tampoco es que yo sea un experto en movilidad urbana, pero lo que sí que percibo es que Madrid es cada vez una ciudad más hostil, un medio más incómodo e inhabitable. Y eso es malo para nuestros pulmones humeados, y para nuestros músculos agarrotados, y para nuestro ritmo cardiaco estresadísimo. Pero además es malo para nuestro carácter, que yo de un tiempo a esta parte noto a la gente más cabreada, más agresiva, más amargada.
Probablemente Gallardón sea el Alcalde con más poder de este país pero con menos ejercicio de Gobierno. Porque en Madrid no gobierna Gallardón, sino los grandes constructores, y El Corte Inglés, y el grupo Vips, e Inditex. Y a partir de 2008, junto a ellos, los fabricantes automovilísticos deseosos de que jubilemos nuestros cochecitos lereles.

Haiku 6

6

dentro hay un patio
la vida recortada
por los tejados

jueves, 16 de febrero de 2006

Una de mudanzas

Aquí estoy. Recién mudado. Me he hartado de las estrecheces y pequeñas limitaciones domésticas de mi anterior morada virtual, un blog de formato y gestión francamente incómodos. Así pues, heme en este pisito céntrico, modesto, barato, intentando ajustar los enchufes, colgando este cuadro y aquél, explorando aquella mancha en la pared sin concluir a ciencia cierta si se trata de la marca del roce de algún mueble del anterior inquilino o de la huella de una gotera... Lo normal cuando uno se está instalando.

Se está bien aquí. O eso intuyo.

Por el patio interior se escurre la luz vaga de este día raro, a ratos nublado, a ratos radiante, que cubre todo con una capa entre celeste y gris.

El aire huele a sol en duermevela, vespa sin silenciador adelantando por la acera, a calle angosta y a tienda de ultramarinos regentada por un simpático asiático que ha conservado en la fachada el antiquísimo letrero de "Lechería".

Mi nueva bitácora tiene también un balcón exterior, con un geranio que ya estaba ahí cuando llegué y una vista a una calle céntrica cualquiera con un agente de movilidad poniendo una multa a un ford Ka que está abusando de la hora concedida por el parquímetro.

El aire huele al Madrid de Galdós y al de Almodóvar, a churro recién hecho y a tubo de escape y al suavizante de la ropa tendida y a perfume de muestra de revista femenina y a café con leche. Me gusta esta mestiza percepción. Me gusta esta corrala.

Sí, se está bien aquí.