martes, 16 de mayo de 2006

Tiempo de (re)cocción

No he escrito nada por aquí desde el pasado día 3 de mayo. Me han pasado muchas cosas desde entonces, muchas cosas buenas, y algunas otras que no diría que son malas, la verdad, sino simplemente "estresantes", "aburridas" o "menos buenas".

Me he reído mucho. Cada vez valoro más el sentido del humor de quienes me rodean y pasan tiempo conmigo. Siempre he sido una persona, creo, con sentido del humor, más o menos ocurrente. Pero de alguna manera, había en todo ello algo insano: un sentido del humor defensivo, acomplejado, nacido de cierta amargura. La de no asumir que la vida no es, completamente, sentido del humor, la de no encajar que una gracia se queda pequeña y fraudulenta. Hay una peli bastante pesada cuyo guión firma una novelista algo doctrinaria que tiene una frase que, sin embargo, me parece muy cierta: "Crecer es lo que hacemos después de equivocarnos". Creo que en el último año he crecido muchísimo, y ello tiene que ver con aprender a hacer del humor algo constructivo, un aliado, volverse un poco cínico a conciencia, sin engañarse. Desdramatizar, no huir en falso.

Y sé que el camino que voy dejando atrás es un camino de equivocaciones. No pasa nada, en eso consiste vivir, ¿no? No son equivocaciones en sentido estricto, sino, digamos, pruebas de ensayo-error. Lo que me aterra es ser consciente de que este tiempo de silencio virtual ha sido un par de semanas plagadas de escasos momentos anodinos y un montón de momentos positivos de todo tipo, y sin embargo, hoy, ahora, me siento un poco superado por todo ello, y lo miro desde afuera, y no sé qué falla pero algo no anda bien. Lo que me aterra es ser consciente de que no sé valorar de verdad todo ello, y eso implica a hacer daño por acción (y sobre todo por omisión) a quienes están cerca de mí... Lo que me aterra es que si bien noto que he crecido, percibo más aún que me quedan muchas equivocaciones por delante. Y sí, en eso consiste vivir, pero estoy hecho de una pasta obsesiva que me convierte en permanente espectador de mis vivencias, tanto que mermo mi condición de protagonista de las mismas. Y ello es, francamente, agotador.

PD: Me sorprende por todo esto que haya quien me siga aguantando, quien me confirme que reírse de corazón es algo, además de limpio, limpiador.

1 comentario:

Bender dijo...

Creo que a tod*s nos pasa un poco lo mismo. Ultimamente yo estau muy poreocupao con el tema de la muerte - ya ves, como es uno-
Pero bueno, lo importante es utilizar el espacio vital que tenemos para cambiar lo injusto, para reirnos mucho, y querernos mucho y tomarnos lo que venga con mucha gracia y salero, y en eso, tenemos experiencia.

Digo.