domingo, 2 de abril de 2006

Gritos

Una conversación a gritos. Se miró al espejo y su mirada no llegó a toparse con reflejo alguno. Una enorme mancha de eco ruidoso cubría lo que debía ser la imagen repetida de sí mismo. El recuerdo de unas palabras subidas de tono y timbre, de una encedida discusión, se había cosido a su sombra y a sus pasos y a su mente y sus oídos y sus ojos.

Cuando gritamos rompemos algo de nosotros mismos y de quien nos escucha y de lo que nos rodea. Cuando gritamos lanzamos piedras a esa corteza invisible que nos hace soportable (más o menos) el mundo. Cuando gritamos dejamos en evidencia lo más oscuro de nosotros, y pintamos de hostilidad un amplia onda expansiva. De la misma manera, cuando nos gritan nos volvemos pequeños, acaso residuos de ese yo que buscamos luego en un espejo imposible... Cuando los gritos se cruzan, y nos gritan y gritamos, el desastre puede ser total. Es difícil cribarlo, medirlo, definirlo, es díficil concretarlo más allá de la percepción de un enorme peso que nos aplasta. De unas tijeras sin piedad que nos cortan.

Como un papel roto y mojado, se fundió con la mancha negra del espejo y se dejó devorar por la apatía, dejando pendiente para el día siguiente intentar aprender algo del desencanto hacia sí mismo. Buscar los papeles que había perdido. Reciclarlos. Comprar, quizás, un espejo nuevo.

1 comentario:

Nando dijo...

Hola! Necesito hablar contigo... pero no encuentro tu direccion de mail en el perfil... ¿me puedes escribir a nangarridof@gmail.com? Gracias!