jueves, 2 de marzo de 2006

Una Noche en la Ópera

No, amigas, amigos, no voy a hablar de la película de los hermanos Marx, aunque me encanta y es una de mis preferidas. Lo que vengo aquí a contar ahora es la velada que me regaló mi fantástico amigo Kike, como buen y generoso abonado al Teatro Real que es. El martes me invitó a acompañarle a la última representación de "El elixir del amor", y aún ando yo flotando en el limbo musical.

Pasar una tarde con Kike paseando y callejeando por Madrid (una de sus pasiones, el muy castizo...) es siempre una pasada. Pero si, además, se concluye el rato con otra de sus pasiones (la ópera), y si todo ello va aderezado con un sentido del humor que no da tregua (como el mío: vaya duelo de titanes, jeje), entonces no se puede pedir más. En el caso concreto de la ópera, Kike me estuvo ilustrando, al llegar al Teatro Real, que se trataba de una obra "muy de Donizetti" (el autor), esto es, perfectamente encuadrada en la transición del clasicismo al romanticismo, donde la sobriedad y la comicidad, lo contenido y lo folletinesco, se trenzan. Me dio alguna pista más para contextualizarla y para que no me perdiese al arrancar la función... y la función empezó.

Qué pasada. Era como estar ante una partitura que había tomado cuerpo en el aire, con una música que sudaba desde el ambiente hacia dentro de cada espectador, con una explosión de color y movimiento poderosísima. Sí, ya véis que no sirvo como crítico de ópera, jeje, porque hablo, básicamente desde la conmoción. Había estado un par de veces antes en la ópera (una de ellas, en el célebre Teatro Colón, de Buenos Aires, que uno es un chico de mundo), pero ciertamente no soy muy leído ni experto en la materia, y el montaje de "El elixir del amor" que Mario Gas ha llevado al Real (por lo visto, reciclado de uno de 1998 en el Liceu de Barcelona) me ha superado.

Una pena que fuese el último día de representación, sino os recomendaría que corrieséis a verla. Me tendré que conformar con daros envidia, jejeje.

Muchas gracias, Kike.

3 comentarios:

Kike dijo...

Ay Currito, casi me emociono leyendo tu cometario sobre la noche del martes. Para mí fue también muy especial; iba sin muchas espectativas y ya viste lo contentísimo que salí del Real. La clave, estoy seguro, fue poder disfrutarla al lado de alguien que se apasionó tanto como tú así que na, la temporada que viene nos vamos a otra juntos (la tarifa ya sabes en qué consiste).

Bueno pues nada, que muchas gracias por dedicarme uno de tus balcones de tu corrala, y espero que sea el primero de muchos (¡cuando empieces a relatar nuestras noches de fiesta!...) ¡¡Un besazo enorme y ya sabes que... ser tu amigo es un PLACER!!

Bender dijo...

Muchas gracias Kike, muchas gracias Kike...

Aunque se me omita de este relato, he de dar a conocer mi presencia fundamental en esta historia puesto que alimenté a uno de estos mozos y a otro di cobijo en mi humilde morada. No sólo eso, sino que después fui en su búsqueda y les regalé más minutos de mi saber estar e ingeniosos comentarios.

Y no estoy celoso.




Grrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!

Curro dijo...

Ay, Bender/Norma/Favio, a ti no te doy las gracias porque ya las tienes. De todas maneras, he de decir que sí, Favio me alimentó el martes como la loba alimentó a Rómulo y Remo, y nos acompañó a Kike y a mí a ratos aquella tarde. Fantástica compañía siempre es la suya... Pero sí, está celoso: porque a la ópera fuimos Kike y yo solos. Chincharrabiña, te quiero decir...