domingo, 19 de febrero de 2006

Viajar solo (I): Ser y no ser

Soy de esa clase de hombres que viajan solos. De ésos que compran 'best-sellers' en edición de bolsillo en las estaciones de tren y los aeropuertos.
Soy de esa clase de hombres solos que viajan solos. De los que tienen un trabajo “cómodo” que les da cierta flexibilidad. De los que carecen de “cargas familiares”. De los que no tienen excusa, en definitiva, para no coger el primer Talgo o el próximo vuelo y plantarse allí donde sea preciso. Mi tía profesa como monja en Burgos, mi primo se casa en Santiago, unos amigos inauguran su chalé de Marbella, mi hermana expone en Palma. Soy de esa clase de hombres que viajan por compromiso.


Soy de esa clase de hombres que se enamoran de las azafatas que recogen las tarjetas de embarque, ésas que se quedan en tierra. Y de las mujeres del asiento de al lado del tren, ésas que llevan un niño en brazos y un anillo de casada. Soy de esa clase de hombres que coleccionan flechazos al aire.
Soy de esa clase de hombres de existencia contradictoria.

…De los que engordan los beneficios de Renfe e Iberia. De los que hacen de los best-sellers más best-sellers todavía. De los que cumplen con los parientes sin que nadie deba pedírselo. De los que les dedican sonrisas a las azafatas de tierra. De los que ayudan con las maletas a las madres casadas.

…Y soy también de ésos que, si un día cogiesen el tren equivocado o descubriesen en el momento de embarcar que se han dejado el billete en casa, se quedarían con la duda de que alguien les fuese a echar en falta.

…Soy.

2 comentarios:

Laura dijo...

también yo soy de aquellas que escriben para sentir y vivir otras vidas, para viajar sola si hace falta, y para sentir que algo, sea lo que sea, sigue valiendo la pena.

insecto dijo...

¡Olé! me ha encantado...
Yo antes creía que no podía ser clasificada (¡qué ilusa era!). Ahora me he dado cuenta de que formo parte de (casi) todas las clases