martes, 28 de febrero de 2006

Que me borren, leches


Tras leer el post sobre la apostasía en el blog de Salva, se me ha ocurrido que estaría bien empezar a hacer rodar la bola de nieve hasta convertirla en un boloncio enorme. No es fácil, ya que Benedicto, Blázquez y Rouco son muy celosos de nuestros datos, pero merece la pena intentarlo. Siendo respetuoso con las creencias de cada cual, lo mínimo que se debe exigir es corresponsabilidad: que ellos sean respetuosos con mi decisión (reflexiva, madura, firme, irrevocable) de no creer en su dogma y, por tanto, de no querer aparecer en sus listas.

No se trata sólo de no querer formar parte de algo que no me creo. Es que, además, la jerarquía católica, más allá de toda fe, defiende y pretende imponer una injerente y totalitaria visión del mundo que sólo puedo tomarme como algo personal. No es que no crea en ella, que también, es que me siento agredido, insultado, excluido, ofendido por ella. Y tengo derecho a no querer ser de los suyos, y tengo derecho a no querer ser parte de la coartada estadística con la que justifican sus privilegios.

Qué leches: ¡¡que me borren!!

Nota: en este enlace al que también redireccionaba Salva, está toda la documentación y pasos a seguir necesarios. ¡Suerte!

1 comentario:

insecto dijo...

Me parece muy bien! Estoy a punto de hacerme apóstata hasta yo, así que con eso te lo digo todo.
Quizá me dé por escindirme o hacer una reforma eclesial en toda regla. Mientras tanto, sólo puedo decir en tono irónico: con la iglesia he topado, y qué a gusto me he quedado