miércoles, 22 de febrero de 2006

La corrala de Penélope

El domingo pasado, al intentar relatar la extrañeza de enfrentarme a la rutina del día siguiente (que, como me apresuré a desmentir el lunes, tampoco era para tanto), hablaba de cómo a eso de las diez de la noche, cuando el cielo se ha puesto el pijama, la corrala se convierte en una colección de "nichos encendidos", ventanas que colorean de luz doméstica el tapiz nocturno en que queda convertida la fachada.

A estas horas (la una y viente, marca el reloj) el patio al que asoma el interior de esta bitácora es un desagüe de sueños, sumidero cuadrado al que van a parar ronquidos y lejanos sonidos de alguna televisión encendida a la que ya se presta ninguna o poca atención. Los insomnes hacen 'zapping' saltando del cine club de La 2 a un Buenafuente que empieza a apagar su presencia catódica, y tontean a lo loco durante los anuncios con un dial radiofónico deseando que pasen los minutos para que empiece cuanto antes el "Hablar por hablar".

Hay, tanto en los ronquidos de quienes duermen como en la teletienda de madrugada del desvelado, el eco remoto de unos dedos que descosen la manta confeccionada a plena luz del día. Hay una espera prolongada desde un tiempo y un espacio lejanos, siempre el mismo hilo, siempre la misma Odisea. Una Penélope debajo de cada almohada, cada sueño, cada vigilia. Cada cual.

Sé muy bien que Homero nunca pasó por esta corrala. Y sin embargo, sus huellas se escuchan en las galerías, en las escaleras, en el viento que zarandea la ropa tendida, en los buzones y las barandas de madera.

Sé muy bien que Homero nunca pasó por esta corrala. Y sin embargo, detrás de cada puerta, me consta, Penélope aguarda el regreso de su superviviente de guerra mientras desteje las horas de sol.

2 comentarios:

Bender dijo...

Curro que bien escribes. Qué morro.

Curro dijo...

Ya ves, Bender/Norma Duval, una, que tiene una pluma... Jejeje. Y del morro, para qué te voy a contar. Sólo una cosa: mi morro también se mide en la suerte de contar con tus comentarios en esta bitácora. ¡Y no es peloteo!