viernes, 17 de febrero de 2006

Gallardón, en las nubes

Hace unos días, el Ayuntamiento de Madrid nos recordó que aquello de que "polvo somos, y en polvo nos convertimos” no es sólo una metáfora la mar de trascendental, sino que de vez en cuando se convierte en una amenaza meteorológica para la salud. Así, esta semana se ha convertido el ‘footing’ en un deporte de riesgo; la causa, una “intrusión sahariana” (así se llama científicamente, por lo visto)... Vamos, una nube de polvo procedente de más abajo del Estrecho.

En uno de esos malabarismos del poder, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que por Madrid el Manzanares está siendo sepultado para dar vida (sic) a una versión ‘regenerada’ de sí mismo, Gallardón se ha agarrado a la nube marrón y ha vestido el debate sobre los índices de contaminación ambiental en la capital con uno de esos trajes nuevos del Emperador que tanto le gustan. La propuesta estrella (que, perdonad, el chiste fácil, es más que nunca una cortina de humo) consiste en prohibir, a partir de 2008, la circulación por el centro de la ciudad de los coches anteriores a 1993, que por lo visto son los que más contaminan.


Uno, que conduce porque en la tómbola aquel día estaban generosos (o no tanto, caramba, que aprobé a la cuarta) y que tiene coche a pesar de un golpecito contra una cristalera de Correos y contra un taxi, no entiende mucho de estas cosas. Pero, ¿de verdad contamina más un Seat 127 que un Jeep Grand Cherokee recién estrenadito?


Y aunque así fuese, igual lo que necesita Madrid, más que un ‘plan renove’, es un Plan Integral de Movilidad Sostenible... Ya sé que todos estos términos suenan siempre a tecnicismos politiqueros tan vistosos y vacíos como las propuestas del señor Alcalde, pero el nombre es lo de menos. Me refiero a que Madrid se está convirtiendo, cada vez más, en una ciudad para circular, cuando no para estar simplemente atascado. Y que ello tiene graves impactos sobre el medio ambiente y sobre la salud, pero además los tiene sobre los hábitos de vida y la calidad de los desplazamientos para las personas.

Frente a ello, la respuesta tendría que ser global, estratégica, y combinar soluciones de limitación del tráfico con otras como peatonalización del centro, extensión de carriles-bici o una planificación integrada de todos los transportes públicos, no como ahora, que se invierte una pasta en llevar el Metro a futuros paraísos de la especulación sin ninguna mentalidad ‘sistémica’ en armonía con otras redes de transporte, como el autobús. ¿Y por qué no regresa el tranvía? ¿Y la sensibilización social?

En fin, amigas, amigos, que tampoco es que yo sea un experto en movilidad urbana, pero lo que sí que percibo es que Madrid es cada vez una ciudad más hostil, un medio más incómodo e inhabitable. Y eso es malo para nuestros pulmones humeados, y para nuestros músculos agarrotados, y para nuestro ritmo cardiaco estresadísimo. Pero además es malo para nuestro carácter, que yo de un tiempo a esta parte noto a la gente más cabreada, más agresiva, más amargada.
Probablemente Gallardón sea el Alcalde con más poder de este país pero con menos ejercicio de Gobierno. Porque en Madrid no gobierna Gallardón, sino los grandes constructores, y El Corte Inglés, y el grupo Vips, e Inditex. Y a partir de 2008, junto a ellos, los fabricantes automovilísticos deseosos de que jubilemos nuestros cochecitos lereles.

1 comentario:

Bender dijo...

Es verdad, tú lo sabes bien currito que me está tirando la casa Gallardón y el Ayuntamiento. Lo más alucinante es que este señor, que se cree que Madrid es su templo como Luxor era a Ramses II, sigue siendo visto como un progre en esta ciudad de mierda o pueblo grande. ¿Qué MÁS hace falta para que Gallardon sea visto como el neoliberal extremista que es? ¿Acaso la conciencia ciudadana en este país es tan primitivamente postfranquista como para no darse cuenta de que que no exista una sola calle sin obras es culpa del gobierno municipal?

Vámonos a Bilbao, a París a Londres o a donde sea, ya.